Algo se pudre en el planeta.

La corrupción en diferentes modalidades, pero todas asociadas a quienes gobiernan, está remeciendo el globo. Democracias y dictaduras por igual, gobiernos populares, de derecha, de centro, de izquierda, presidencialistas o no, la gente en cualquier idioma, está levantando la voz de protesta por el abuso de poder, la colusión y la negligencia que afectan la calidad de vida de sus ciudadanos.

| 31 octubre 2011 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.5k Lecturas
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#OccupyWallStreet exige a Washington que se despercuda de la opresión del sistema financiero, del lobby y la dominación de los grandes capitalistas cuya salvación económica se da a costa de la desmejora en su calidad de vida.

En Grecia no quieren bancarse las medidas de austeridad generadas por un negligente manejo económico y el maquillaje de cifras de los gobernantes; en España y 900 ciudades del mundo, el sistema corrupto ha colmado la paciencia de los #indignados que sienten la pegada de los problemas económicos y sociales. En Chile y Colombia los jóvenes exigen a sus gobiernos no permitir el lucro de la educación, mejor calidad y oportunidades.

Y aun cuando parezcan lejanas y desvinculadas, las protestas de la llamada ¨primavera árabe¨ han tenido un importante detonante en la degradación de la calidad de vida de sus ciudadanos, sumada a la represión y opulencia de sus tiranos gobernantes.

En todo el mundo el grito es transversal: estamos hartos de los políticos, de los políticos corruptos, del sistema que alimentan y promueven y que repercute en la cada vez más difícil y desgraciada vida de quienes no mueven grandes capitales, lobbies, intereses o poderes.

Y así como nuestro país parece, por ahora, un oasis en el agobiante escenario económico mundial, en lo político-social el Gobierno parece aún estar gozando de una media primavera.

Está claro que la derecha mediática, aquella que se alineó tras el fujimorismo en segunda vuelta, no cejará en su intento de empujar esta propuesta de modelo al barranco, que en muchas ocasiones se exagera o se hace cargamontón. Pero está claro también que en la mayoría de ocasiones las bases para las denuncias existen, son reales y preocupan.

La defensa de Omar Chehade para indultar a Antauro Humala, la desinteligencia en el caso Alexis Humala, las ofensivas declaraciones del ministro Mora en contra de los DDHH, el desliz de la ministra García Naranjo y ahora la denuncia por tráfico de influencias contra Omar Chehade.

Y para coronar este primer trimestre el ministro Caillaux de Agricultura en el ojo público por posibles conflictos de intereses. Sumado esto a los congresistas ¨comeoro¨, ¨robaclable¨ y a los vinculados a temas de narcotráfico, tenemos un gobierno que en solo tres meses ya parece viejo.

Es cierto que la prensa de derecha está ávida por encontrar los deslices, yerros y delitos del gobierno nacionalista, lo cual en sí no es malo, por el contrario, resulta mucho más saludable tener una prensa fiscalizadora que una alineada -aunque para ello haya que bancarse algunos excesos o exageraciones- pero igual de cierto es que los indicios de las faltas y delitos existen y que, a mi parecer, el Gobierno se está jugando su crédito con cada funcionario comprometido con irregularidades que cobija.

Empecé hablando de las marchas y las protestas en todo el mundo en contra de la corrupción de los gobiernos y sus autoridades y del modelo capitalista. Si en el Perú el 15-O fue casi raquítico, quizás fue porque aún se guarda expectativa de que O. Humala cumpla con generar un cambio político, económico y social; que no ceda a las presiones e intereses de los grandes capitales, necesarios por cierto para construir una economía sana, pero que no se les dé espacio para el abuso y privilegio.

La gente espera que la inclusión no quede en palabras o en la constitución de un ministerio y que la pelea contra la corrupción no se convierta en una frase muerta de campaña.

Esa ola de condena al modelo que recorre el mundo que se está viendo empobrecido no nos toca aún porque salió Humala y no Keiko o PPK. Y porque nuestra economía va, por ahora, a contracorriente del planeta.

Pero las propuestas no son suficientes para conjurar reclamos e impaciencias. El Perú sociopolítico pareciera estar en una suerte de stand by, a la expectativa de los próximos movimientos y decisiones.

Lo peor que podría sucederle a este gobierno es que el tránsito al Perú inclusivo que queremos todos se vea opacado por una imagen de gobierno apañador, corrupto o blando con los delitos de función.

Cuidado que se le acabe la primavera política antes de tiempo, cuidado con que los ánimos empiecen a caldearse en la opinión pública, en los medios que, sin ser enemigos, son críticos porque hacen su trabajo. Cuidado porque una vez perdida la credibilidad política, cualquier gran empresa por benéfica que sea para el país, costará el doble en ser implementada. Cuidado que se les acabe el crédito.

El Gobierno debe mover bien sus fichas, tener reflejos, sacar a quienes enturbian su gestión, a quienes son públicos y a quienes debería ya tener detectados antes de que desaten nuevos escándalos.


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Claudia Cisneros

En voz alta