Aldonecedad

El lenguaje político requiere con urgencia enriquecerse con un término que refleje el esfuerzo intelectual que se requiere para comparar el desalojo de comerciantes minoristas que ocupaban irregularmente el mercado de Santa Anita (muchos de ellos bajo alquiler a traficantes), que se postergó muchas veces y que se realizó a plena luz del día; con el bloqueo, en dos tiempos, de los accesos al exmercado mayorista La Parada, en medio de una resistencia masiva de delincuentes, contratados por los comerciantes mayoristas y respaldados por los aparatos políticos de la derecha hipócrita que quiere tumbar a la alcaldesa y generar condiciones golpistas en el país.

| 30 octubre 2012 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 735 Lecturas
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También para quedarse detenido en el tiempo y seguir hablando del fracaso del jueves, cerrando los ojos a la victoria del sábado. O para lamentarse de los atacantes muertos con la nota de que “si el alcalde hubiera sido de derecha seguro la izquierda lo hubiera crucificado”, mientras al mismo tiempo se pide a gritos que se dispare al cuerpo de cuanto manifestante ocupe las calles por salarios o proteste contra la minería que contamina su región.

Y la idiotez sigue con eso de las horas de las intervenciones, cuando todas (las exitosas y las fracasadas) se han hecho de día y no en la madrugada. En resumen, que si la alcaldesa es de izquierda y hace lo que ni siquiera intentó Castañeda, que es enfrentarse al poder local de los reyes del abastecimiento mayorista y todo su dinero, siempre será una debacle, aunque ahora Santa Anita Mayorista ya empiece a ser una realidad, para rabia de los revocadores.

La aldonecedad puede ir tan lejos como para zapatear porque dentro de las actividades de la Casa Mariátegui haya muchas que las promueve la izquierda, por el carácter simbólico del lugar. ¿Querrá Mariátegui que se cierre la Casa Mariátegui?

O para abanderarse de ese caso de reblandecimiento mental del congresista Castagnino que se queja por lo que dice que le hicieron firmar, mientras lo engañaban diciéndole que era el texto de la “mayoría”, que es lo que acostumbra adherir, porque no le gustan las minorías.

Este pobre hombre que vota leyes pero no lee lo que le ponen al frente y que quiere pasar por víctima de su propia ridiculez, solo podría ganar primeras páginas en un periódico aldonecio, que es lo que finalmente parece ser lo que lo hace feliz.

Y así podrían seguir las historias hasta aquella inolvidable del 27 de marzo cuando acusó a la alcaldesa de sus amores de comprarse un camionetón de 40 mil dólares para su uso personal, y tuvo que rectificar al día siguiente en primera página su aldonecedad tras mostrarse las facturas que demostraban que el vehículo procedía de la gestión anterior y no era usado por la alcaldesa Susana Villarán.

Tanta barbaridad nunca lo ha cohibido para volver a hacerlo. Es lo más necio de todo esto, hacer evidentes sus odios, al punto que ya son muy pocos los que le creen.

La aldonecedad tiene sus héroes: Alberto Fujimori, Alan García, Marco Tulio Gutiérrez, Castagnino, que deben estar entre lo mejorcito de la DBA peruana. Y de alguna manera expresan diversos ingredientes de la personalidad del personaje que ha encabezado el mayor número de campañas tontas y fallidas del los últimos años.

Y es que cuando la idea de país se reduce a que éste no tenga izquierda, se abre el camino para muchas aldonecedades.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

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