Alan García: siembra vientos y cosecha tempestades

A nadie como al presidente Alan García le cae como anillo al dedo esta vieja y sabia frase popular. Porque desde el primer día en que se sentó en el sillón de Pizarro lo que hace es sembrar vientos para cosechar tempestades incumpliendo letra por letra la mayor parte de sus promesas electorales.

Por Diario La Primera | 14 jul 2008 |    

Las tempestades sociales y políticas que ahora sacuden la Amazonía y que se expresaron en el paro del 9 de este mes son la siembra del alanismo. Es cierto, nunca ha habido un idilio entre la Amazonía y el partido de Haya de la Torre desde sus días fundacionales. La catastrófica derrota aprista en la Amazonía en las elecciones del 19 de noviembre del 2006 es una muestra de esta ruptura. Pero nunca las tensiones y la hostilidad habían alcanzado los extremos de hoy.

Veamos. Durante su campaña electoral, García ofreció en Iquitos mantener las exoneraciones tributarias otorgadas por la dictadura fujimorista con la Ley No. 27037; incrementar el canon petrolero del 10 al 15 por ciento y exonerar los impuestos de los pasajes aéreos Lima-Iquitos-Lima.

Como es de suponer, el presidente García no cumplió lo prometido. Pero fue más lejos aún. Apenas asumió el gobierno decidió eliminar las exoneraciones tributarias ofreciendo “compensaciones” que, en muchos casos, eran fondos presupuestales asignados con anterioridad. Por supuesto que la Amazonía resistió encarnizadamente con paros y huelgas y lo que queda ahora, además de un profundo resentimiento popular, es un acuerdo de eliminación gradual contra el cual se ha levantado Madre de Dios.

Acto seguido, es decir sobre cuernos palos, el presidente García ha lotizado 500 mil kilómetros del territorio amazónico a las empresas petroleras y gasíferas superponiendo estos contratos a unidades de conservación de la biodiversidad, territorios de indígenas no contactados y concesiones forestales, y acaba de poner en subasta con su paquete de “Leyes de la Selva” el resto de territorio para la producción de biocombustibles, commodities y servicios ambientales.

Para el alanismo, este modelo de inversión y de gran empresa, que fracasó estrepitosamente en Brasil y otros países amazónicos, esta exclusión de los intereses de los pueblos indígenas y ribereños, este desprecio por la cultura, la tradición e historia, es la modernidad.

Más temprano que tarde la realidad y la resistencia tenaz de los pueblos amazónicos le hará ver su error. Que no sea demasiado tarde.


    Róger Rumrrill

    Róger Rumrrill

    En el ojo de la tormenta