Al final, les va a gustar

Las pocas veces en las que el alcalde habla nos hace saber que eso que nos está molestando tanto, que es la destrucción de cada vez mayor número de calles y los planes de desviación que no funcionan y producen formidables atoros de tránsito, son dolores que luego le vamos a agradecer cuando veamos los puentes, anillos, estaciones, alamedas, que tiene pensadas para la ciudad.

Por Diario La Primera | 10 ago 2008 |    

Somos impacientes y tontos, que no nos damos cuenta que nos están haciendo sufrir por nuestro bien y que después, además, lo vamos a agradecer, incluidos los de San Marcos que se darán cuenta que es mejor un by pass que pone a la misma altura el tercer piso de su facultad y la vía por la que pasarán los vehículos que se mueven entre Callao y Lima. Tremenda perspectiva para la modernidad.

El asunto es que siempre tenemos que quejarnos. Por eso nuestro alcalde ni nos habla. Sigue haciendo las obras de las que está absolutamente convencido y que no hicieron sus predecesores, porque al final nos va a gustar. Es decir, aquí se gobierna para los burros y por eso no tenemos opinión sobre las cosas, o no necesitan nuestra opinión, y si discrepamos (como los sanmarquinos) es porque somos terroristas o agitadores. Participación, consulta, vigilancia ciudadana: ¿de qué tonteras están hablando?

Fujimori tenía el mismo estilo de Castañeda, al que le añadía su propia frase emblemática: primero hago y después hablo. Por eso nos preparaba emboscadas de madrugada y era capaz de sacar normas que permanecían en el secreto. Estaba convencido que mientras menos supiera la gente, mejor saldrían las cosas y al final lo terminarían aplaudiendo. Eso fue lo que hizo durante la crisis de los rehenes en la que hizo creer a todos que estaba negociando, para caerles por sorpresa a los secuestradores, cuando nadie lo esperaba, y eliminarlos a todos.

Al final, a mucha gente le gustó el detalle, sin hacer la relación que el chino nos trataba a todos como al MRTA, haciéndonos creer que trabajaba dentro de la reglas democráticas cuando preparaba un golpe de Estado; que no haría shock, cuando nos metió el más duro de la historia mundial; que estaba juzgando a los Colina, cuando preparaba su amnistía.

García se está asimilando al método con sus discursos anodinos del 28 de julio, donde se ocultan las intenciones políticas, pero se presenta largas listas de obras, kilómetro por kilómetro de carretera, pueblo por pueblo con luz eléctrica, etc., para que entendamos, por la implícita, que nos estamos quejando en vano, mientras sigue la política de favorecer a la gran inversión, concentrar la propiedad y abrirse al capital extranjero. Seguro que piensa que al final nos va gustar. Aunque eso no lo digan las encuestas.


    Raúl Wiener

    Raúl Wiener

    POLITIKA

    Analista