Ahora sí preguntas por él

En un libro extraño, Angélica Noemí Gamboa García leyó “que después de la infancia, en la vida, ya no pasa casi nada importante”. Aquella frase la empujó a la nostalgia y empezó a recordar su niñez en el centro educativo 7031 de Villa Victoria en Surquillo.

| 11 julio 2012 12:07 AM | Columnistas y Colaboradores | 696 Lecturas
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Recordó que un niño hacía todo lo posible para capturar su atención y que ella, por su timidez innata, lo rechazaba de todas formas posibles. “Edwin-Rivera-Cabrera”, dijo despacio y con tristeza; y siguió viajando por el camino hacia el pasado y vio a aquel niño tratando de decirle cosas lindas en la clase de matemática; protegiéndola de cualquier ataque de escolares malintencionados; regalándole flores arrancadas del pequeño jardín del colegio; mirándola desde cualquier parte con sus ojitos de enamorado perpetuo.

Angélica Noemí Gamboa García sintió entonces una pena inmensa porque jamás había sido amable con él. “Pobre Edwin”, suspiró y empezó a imaginarlo con una sonrisa inmensa, parado, en la esquina de su casa, esperando que ella saliera a comprar pan. “Pobre Edwin, qué habrá sido de su vida”, suspiró de nuevo.

Hacía 25 años que no sabía nada de él. Fue en la fiesta de promoción del sexto grado de primaria que lo había visto la última vez. Después de aquella tarde, extrañó sus detalles y su amor incondicional por un tiempo; lloró de tristeza por las noches sin que su madre se diera cuenta; pero después, con el pasar de los años, fue olvidándolo poco a poco. Pero de pronto retornó a su memoria la imagen del niño enamoradísimo cuando leyó aquel libro que le movió las entrañas.

Empezó a buscarlo por todos lados con la única ilusión alerta. Encontró a un antiguo amigo de Edwin, un cangallino esbelto y hermoso, pero éste tampoco sabía nada de él hacía 25 años. “Dónde estarás, jovencito enamorado, dónde, solo quiero saber que estés bien”, dijo.

Le contó su pena inmensa por Edwin a su amiga de infancia a quien tampoco la veía hacía 25 años. “Ay, Angélica Noemí Gamboa García, ahora sí preguntas por él, cuando toda la vida lo rechazaste”. “Lo encontraré, lo juro. Solo quiero saber de él; solo eso”. “Él está bien; el es mi esposo”.

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