“Agarró al choro, la Súper”

Si uno mira de lejos a la mamá de Juan ve a una mujer delgada, un poco frágil, y que camina con los cuidados de las bailarinas de ballet. Si uno la ve de cerca, nota que aquella mujer esbelta tiene una cara de ángel y pareciera que no matara ni una mosca. Pero no es así.

| 22 agosto 2011 12:08 AM | Columnistas y Colaboradores | 967 Lecturas
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La mamá de Juan se transforma si es que alguien osa hacerle daño a los que ama. Se desconoce de pura rabia e indignación y sería capaz levantar en peso un carro modelo escarabajo y lanzarlo por los suelos.

El último sábado, cuando concluía como de costumbre su apacible mañana, le dijeron por teléfono que su hijo, de apenas doce años de edad, había sido asaltado a escasas cuadras de su casa, cerca a la huaca de Magdalena, por la avenida La Marina.

—Demonios, qué le hicieron.

—Le robaron la billetera; pero lo peor es que lo asustaron con un cuchillo y él está muy nervioso.

—¡Carajo!

La mamá de Juan dejó todo y fue, con dos amigos, a la calle cerca a la huaca. “Me dicen ahora mismo quién mierda le robó a mi hijo o me desgracio con todos”, gritó con tanta rabia que uno de los de la mancha dijo: “Tranquila, señora, que nosotros no nos metemos con el barrio”. “Ustedes saben que si no me dicen quién ha sido no pararé hasta reventarle la cabeza con el este palo”. Tenía en la mano, un mazo gigante de madera. Los dos amigos solo esperaban.

Uno de los maleantes que sabía que la mamá de Juan era capaz de todo porque ya lo había visto actuar, dijo balbuceante: “Fue ‘El Zambo’, el de calle oscura, y debe estar ahí. Nosotros no nos metemos con el barrio, señora”.

La mama de Juan encontró a ‘El Zambo’ jugando con los audífonos en la esquina y le metió un puñetazo limpió que le movió los dientes. Los dos amigos que la acompañaban estaban atentos a los movimientos de ‘El Zambo’; pero éste no podía hacer nada después de un puntapié en el estómago. “Con mi hijo nadie se mete, hijo de…”. Los dos amigos solo actuaron al ver que la mamá de Juan no dejaba de golpear a “El Zambo” que se retorcía en el piso. “Ya es suficiente, déjalo”, dijeron.


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