Adivinamos o planificamos

Un reciente estudio de la Universidad del Pacífico sobre la proyección de la economía peruana en el próximo medio siglo alerta sobre las debilidades del modelo primario exportador. Anuncia una severa crisis en quince años por una inevitable caída de los precios de las materias primas, con graves consecuencias para el país.

| 07 marzo 2013 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 684 Lecturas
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El diseño de escenarios depende de los componentes que el analista quiera incorporar y es una fórmula discutible porque la razón humana no tiene la capacidad de adivinar lo que va a pasar. Sí se pueden evaluar tendencias y alertar sobre factores negativos, pero finalmente son juegos mentales que los futurólogos pusieron de moda en la época de la Guerra Fría, cuando anunciaban varias catástrofes simultáneas, que iban desde la escasez de alimentos al estilo de las predicciones de Malthus, hasta el agotamiento de los combustibles fósiles. Los entendidos cerraban el ciclo de la especie humana con un inevitable apocalipsis nuclear antes del fin del siglo XX. También el deterioro de los términos de intercambio que abaratarían hasta el infinito las materias primas constaba como una ley irrefutable.

Ni el más reputado analista previó el desarrollo de la informática ni de la nanotecnología, ni menos el colapso del comunismo soviético o la globalización de la democracia. Nadie imaginó que los minerales aumentarían de precio exponencialmente. El capitalismo desde la revolución industrial, evoluciona a través de ciclos, de ondas de larga duración como las explicó Joseph Schumpeter rescatando a Kondratiev. En estas alzas y bajas hay muchas fases intermedias donde la historia verifica como sus contradicciones hunden al sistema y desde la hondura de las crisis resurge mediante innovaciones tecnológicas.

Jürgen Schuldt y Bruno Seminario aciertan al llamar la atención sobre las debilidades estructurales de un modelo que genera riqueza desde la minería y los hidrocarburos y llaman en líneas gruesas a industrializar el agro. La duda que aflora es si se trata de apuestas antagónicas y si nos iría mejor si de alguna misteriosa forma evadimos el auge de los precios de las materias primas.

Las típicas economías extractivistas de la región, el grupo del ALBA por ejemplo, vive prendido del ciclo alcista sin proponerse nada distinto, empezando por Venezuela y sin descartar a la mono productora Cuba, cuyo esquema azucarero de la Colonia se profundizó con el castrismo.

Quizás debamos pensar en una economía diversificada en base a la planificación concertada, donde la industrialización se articule con la producción de materias primas. Así sucede ya con el crecimiento de la industria metal mecánica, en directa proporción al desarrollo de la minería. Dicho encadenamiento nos convertiría en proveedores de los insumos industriales que necesita esa explotación. Sobre el eje de sus recursos Canadá, Australia, Nueva Zelandia, los países de la Europa nórdica, cimentan su alto nivel de industrialización y desarrollo.


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