A propósito de emergencias

En las dos versiones anteriores de la Cade Ejecutivos se había señalado que el crecimiento económico del país no es sustentable sin una mejora de la calidad educativa. Invitado para este evento el año pasado, Michael Porter, gurú de la innovación empresarial, señaló que una economía extractivista y primario exportadora como la imperante en el país es extremadamente frágil, al hacernos depender de los vaivenes de la demanda externa, y aconsejó atender con prioridad la educación, para valorizar nuestra producción.

| 06 diciembre 2011 12:12 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.1k Lecturas
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En la reciente Cade 2011 el tema central fue precisamente la innovación, considerada por los empresarios allí reunidos como un factor central de competitividad que urge atender. Encuestados los allí presentes, el 73% consideró que la prioridad de este gobierno debería ser la educación (significativamente, por encima de otros temas como la estabilidad económica o la corrupción). El 86% echó de menos un trabajo conjunto entre las empresas y las universidades, para fortalecer la investigación científica. Resumiendo la opinión de los presentes, Carlos Heeren, presidente de esta Cade, reclamó una revolución educativa. “La situación –dijo- no va a mejorar sin una revolución educativa; de lo contrario, siempre estaremos viviendo en inestabilidad”.

Es de gran significación que los empresarios reclamen una revolución educativa –tema sobre el cual no se oye nada del gobierno-; es también de gran interés que vinculen ello con fortalecer la investigación científica en las universidades, porque con ello no sólo ponen en cuestión el papel de las universidades denominadas “con fines de lucro”, que en su mayoría han capitalizado a costa de rebajar el nivel académico en su formación profesional; ponen también en cuestión el desinterés del Ministerio de Educación por lo que suceda en el ámbito universitario, incluyendo el público, de directa responsabilidad del Estado, donde el gobierno de la mayoría de las universidades ha sido capturado, con malas artes, por sectores mediocres y corruptos.

Significativamente, también, ni la primera universidad pública del país, cuyo gobierno se decidió por un fraude electoral (situación repetida en casi una decena de otras importantes universidades hoy “intervenidas”), ni la inefable Asamblea Nacional de Rectores, muy ocupada en “intervenir” universidades, estuvieron invitadas a esta discusión sobre la innovación, es decir, sobre la relación entre la universidad y la empresa.

Si en algún lugar cabe una declaratoria de emergencia es en la educación superior, donde muchas universidades privadas medran en la estafa educativa, mientras las universidades públicas languidecen en ausencia de políticas de Estado que aseguren su desarrollo para bien del país.

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Zenón Depaz Toledo

Opinión

Columnista