A los camaradas y compañeros de Ciudadanos por el Cambio

Estaba comprometido en participar del evento de hoy y comentar la exposición sobre situación política. Lamentablemente un mal todavía incierto al que he bautizado provisionalmente como “ollantitis”, y que me afecta el riñón izquierdo y el sistema urinario, detuvo mi propósito.

Por Diario La Primera | 05 ago 2012 |    
En fin, parece que mi cuerpo soportó estoico los primeros nueve meses del viraje y mis artículos hicieron lo posible por explicar cómo había podido pasar que luego de haber ayudado a forjar un sueño, todo se nos convirtiese en el regreso a una pesadilla reiterada que es la de la conservación de los privilegios y la persistencia de los peores abusos, apenas matizada por un populismo mezquino, y todo revestido de traición electoral.

Creo que la principal lección de lo ocurrido apunta a cuestionar el sistema superpresidencialista que es la base sobre la que se articula el funcionamiento de las principales instituciones políticas, de raíz constitucional fujimorista, y que permite que una sola persona tome las más trascendentales decisiones sin participación del resto.

Ollanta se fue haciendo consciente de este modelo porque lo beneficiaba y le permitía reproducir en el país lo que fue su estilo de manejo del Partido Nacionalista. Pienso que nuestro mayor error fue imaginar que a más poder del caudillo, más segura teníamos el curso de la anunciada transformación.

Bueno, nosotros somos un subproducto de esta expropiación unilateral de la victoria, que es mucho más grave cuando se le ve desde la perspectiva de las masas que le otorgaron su voto.

Es cierto que nada en el sistema obliga al que se convierte en presidente a cumplir con su partido, sus aliados y amigos, así como sus electores, pero eso no quiere decir que los engañados se van a quedar tranquilos y se van a dejar estafar impunemente. La dureza del conflicto social en los meses anteriores refleja que el sistema se está agotando rápidamente.

Hay que acelerar el paso hacia la reforma constitucional y la exigencia de gobiernos realmente honestos y controlados por sus electores. Esto requiere una pedagogía político-social que enmarque las solidaridades con los que luchan, las denuncias y propuestas por sectores y el trabajo de construir un partido democrático.

Ahí me detengo, no porque no tenga más que decir, sino porque creo que basta un punto para hacer un buen debate. Además los que se preocupan por mí ya me están diciendo que descanse y así lo haré.

Los quiero mucho y los abrazo


    Raúl Wiener

    Raúl Wiener

    POLITIKA

    Analista