¡A lo Carlos Zambrano!

La nueva actitud del seleccionado es pura calle. Esa del mundialito El Porvenir, donde los achorados se juegan el honor y la caja de chelas.

Por Diario La Primera | 16 set 2008 |    

A raya de sus hígados conocen a la perfección la jerga mutante para amedrentar al contrincante. Y esa boquilla dispara sin más, instalándose como ácido en la cima de cualquier templanza. En el seleccionado nacional, el que comenzó esa rebeldía y la llevó a extremo fue Paolo Guerrero. El ariete del Hamburgo dejó escuela de cómo había que pararse. Liso, pateaba harto pasto en cada frustración de gol peruano y hacía más hueco que Castañeda pre Apec. Y Vargas se imantó de ese espíritu. Que si los paraguayos vienen de las ‘achoris’ guaraníes, la blanquirroja viene de los chancas. Y si los ‘argentos’ vienen con sus wafleras, nosotros tenemos la pachamanca de montaña. Entonces, de repente, Carlos Zambrano, un chibolo de 19 años peinado con la cresta de un gallo electrocutado, flaco y largo como una palanca, juntó esa agüita mágica de mar. La drenó hacia esa playa desierta de Messi y su pandilla, provenientes del barrio vecino más agrandado. Ahora estaban en su ‘quinta’. Se puso el botín invisible: la gallardía. Hizo olvidar al ‘Santi’. El chalaco reunió ese temple de indio avalentonado, acordándose de su Angie y Luciano -esposa e hijo-, y ‘sazonó’ al cordobés Demichelis, el recio volante argentino de las filas del Bayern de Munich; el ‘tú a tú’ bronco despeinó la cabellera parrillera del che, dando seguridad al ‘loco’ Vargas de irse contra todo. El resto es historia conocida. Fano metió la garra huanuqueña. Gol peruano; los incas cambiaron las portadas argentinas que, heridas en su orgullo, serían reeditadas por sus escribidores con la sangre en el ojo.


    Luis Torres Montero

    Luis Torres Montero

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