A Doris Gibson, mujer legendaria

Algún día todos dejaremos de existir, pero cuando la muerte se lleva a mujeres como Doris Gibson (1910-2008), que lograron trascender y dejar una huella importante en el país, su ausencia es cada día más sentida. Hoy se cumplen dos años de la muerte de esta excepcional mujer que, a lo largo de su vida, supo ganarse el respeto y la admiración de peruanos de posiciones políticas y estamentos sociales distintos.

Por Diario La Primera | 23 ago 2010 |    

Ella nació para ser una dama de alcurnia, pero hizo todo lo contrario. Se levantó contra la moral y los principios establecidos por la Iglesia y la oligarquía y posó desnuda para un famoso artista; trabajó cuando las mujeres aún no lo hacían; amó profundamente las artes del pueblo en tiempos que eran menospreciadas y fundó “Caretas”, que se convirtió en la revista política de referencia en el país.

En los años de 1950, Doris Gibson y Francisco Igartua fundaron la revista de más larga duración en la historia del periodismo peruano, que contribuyó a cambiar la forma de hacer periodismo en el país.

Venía del ambiente de la cultura, de la reflexión y tenía una idea clara del Perú. Desde muy joven estuvo vinculada con la intelectualidad peruana. No en vano era hija de Percy Gibson, prestigioso poeta arequipeño. Antes de los 20 años se atrevió a ser independiente en la Lima timorata y chismosa que objetaba que la mujer fumara en público y frecuentara espacios de la bohemia limeña. Se enamoró del pintor Sérvulo Gutiérrez, quien pintó en su honor óleos de colores pasionales como aquel legendario desnudo de ella. Varios afirman que él fue el amor de su vida, con quien formó parte de la bohemia cultural. Ese grupo de amigos estuvo conformado por José Sabogal, Sebastián Salazar Bondy y José María Arguedas, Chabuca Granda y Nicomedes Santa Cruz, entre otros. Sin embargo, esta pléyade intelectual caminaba a contracorriente de la sociedad peruana, encumbraban las creaciones artísticas, pictóricas y musicales venidas del pueblo indígena y afroperuano. Su casa atesoraba piezas de su rica colección de arte popular de Santiago Rojas, Joaquín López Antay e Hilario Mendívil.

Yo no la conocí en persona, sino a través de relatos y fotos que a lo largo de mi vida pude encontrar en diarios y en “Caretas”. Sin embargo, ese conocimiento de su vida apasionada se acrecentó con la muestra organizada en abril de este año, titulada “El mundo azul de Doris Gibson”. Recuerdo que caminé a uno de los salones y quedé inmóvil y maravillada cuando observé de cerca los objetos personales de aquella mujer que toda la vida quise conocer y que había sido un referente en mí, cuando me tocó fundar revistas y magazines feministas. Estaban sus sombreros, pañuelos, abanicos y anteojos que alguna vez destacaron la belleza seductora de esta mítica periodista, que no halló discrepancia alguna entre su lucha por una sociedad con sentido de peruanidad y la elegancia.

Doris Gibson tuvo todos los merecimientos para quedar impregnada en la memoria colectiva de los peruanos, cumpliendo su función periodística de investigar el tramado político que, lastimosamente, se ha ido perdiendo con el tiempo. Por ello es legendaria.


    Linda Lema Tucker