50 años de la película cusqueña Kukuli

El 26 de julio próximo, celebramos los 50 años del estreno de la película KUKULI, de los realizadores cusqueños Luis Figueroa, César Villanueva y Eulogio Nishiyama, con un guión de Luis Figueroa y Hernán Velarde, los actores Judith Figueroa, Kukuli, y Víctor Chambi, Alako, y un texto de Sebastián Salazar Bondy que narra la historia. La película, ahora en un DVD, fue técnicamente reconstruida de una copia comercial, luego de un incendio en Buenos Aires que destruyó todos los originales.

| 23 julio 2011 12:07 AM | Columnistas y Colaboradores | 2.9k Lecturas
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Se trata de un estupendo y original documento etnográfico de la cultura andina quechua, realizado con hermosos fragmentos de la provincia de Paucartambo, en su célebre Fiesta de la Mamacha Carmen del 16 de julio. Desde una estancia de altura en la que dos abuelos crían llamas y ovejas, parte su nieta, la pastora Kukuli -paloma torcaza- para disfrutar de la fiesta de Paucartambo con Alako, su joven esposo, quechua como ella. En el camino, un Altumisayuq, sacerdote andino, les dice que ambos son portadores de la muerte y como no puede hacer nada para evitar esa desgracia, los obliga a huir. El cura de la provincia quiere casarlos y ellos le responden que el matrimonio de la iglesia cuesta mucho, que ellos están en “sirvinacuy”, es decir, ya están casados según los ritos de su cultura. Mientras Alako dobla las campanas de la iglesia que anuncian la fiesta, un oso, -Ukuku- lo mata, rapta a Kukuli y trata de llevársela al Apu Sallantay, el nevado tutelar mayor. El cura está convencido de que el Ukuku, enviado de los Apus, es un diablo y por eso, debe ser perseguido y liquidado.

En el viaje de placer y de muerte, Kukuli y Alako bajan, suben y bajan por muchos pisos ecológicos desde tierras altas hasta los valles, pasando por pagos y caseríos hasta llegar a la capital provincial. La cámara registra la belleza del paisaje heterogéneo y el trabajo diverso en el cuidado de llamas y ovejas, en los telares que reproducen el arco iris, en la cosecha y trilla de trigo, en el molino colonial de las piedras movidas por el agua, en las chicherías y en las calles de Paucartambo, con sus danzas de Majeños, Chunchos, Saqras o diablos, y los Kollas que llegan desde el altiplano. Los rostros son quechuas, sin cosméticos para tratar de mejorarlos o hacer que se parezcan al modelo occidental-criollo-urbano. Tampoco la música indígena tiene arreglos para que deje de parecerse a sí misma. La técnica maravillosa del cine ofrece fragmentos de la cultura quechua que en conjunto forman un tejido armónico y hermoso que concluye con unas preciosas escenas de amor de los personajes que siguen queriéndose después de la muerte. Los realizadores cusqueños y los guionistas conocen el mundo andino desde dentro y por eso, su acercamiento está marcado por el respeto, no sólo de la ficción colonial sino también de sus valores más profundos.

Por debajo de historia contada, está el amor de una pareja que huye porque su amor no es familiarmente aceptado. Hay en buena parte de Andes huaynos con el tema -Chinka chinka, perderse, perderse, fuga, fuga- que exaltan el coraje de los enamorados que deciden fugarse ejerciendo su libertad de amar sin tomar en cuenta la imposición familiar. De acuerdo a la cultura, inventada según Freud para controlar los instintos, ese atrevimiento debe ser reprimido apelando a la fuerza de la ficción. Uno oso se lleva a la mujer hermosa y ese oso se convierte en diablo por el interés de la Iglesia católica para castigar el libre amor calificado como pecado. La tradición indígena se recrea con elementos españoles como el diablo y el pecado. ¡Qué sería de la Iglesia Católica sin el pecado y el diablo, una de sus extraordinarias ficciones!

¿Sería posible que la película Kukuli pueda ser vista en una sala de cine o en algún canal de televisión y que algún canal se atreva a presentar dos horas semanales de cine peruano de todos los tiempos con una mesa redonda de 30 minutos? Desde Lima, un hondo abrazo lleno de gratitud para Lucho Figueroa, el cineasta cusqueño peruano y universal, con sus muchos inviernos, su amistad y sus brazos siempre abiertos para quienes se acercan a lo andino con el respeto debido.


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Rodrigo Montoya Rojas

“Navegar Río Arriba”

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