145 congresistas o bicameralidad y reforma política

El Presidente del Congreso, Víctor Isla, quiere elevar el número de los miembros del Congreso. De 130 a 145. Los quince nuevos servirían para incrementar el número de la representación de las cinco regiones amazónicas. Tres curules para cada una de ellas. Debido a su propuesta, el titular del Parlamento ha recibido críticas. Para qué más congresistas si el Parlamento no funciona. Van a elevarse los gastos, la burocracia y los escándalos.

| 16 diciembre 2012 12:12 AM | Columnistas y Colaboradores | 1k Lecturas
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La crítica, sin embargo, es equivocada porque parte de un error de fondo. La Constitución del Estado dice que para ser parlamentario solo se requiere ser peruano de nacimiento, haber cumplido veinticinco años de edad y gozar del derecho de sufragio. ¡Nada más! La Constitución quiere decir que al Parlamento no llegan necesariamente los sabios, los intelectuales ni los filósofos. Pueden ocupar las curules los analfabetos, hombres y mujeres sin conocimiento técnico ni profesional, ¿por qué? Porque el Congreso no es un órgano corporativo ni gremial. La esencia de la cámara legislativa es la “representación”. El Congreso puede estar compuesto por hombres prudentes y sabios. Gente exitosa en los negocios y en sus profesiones. Pero si no representan a nadie, entonces es cualquier cosa menos un Parlamento. De ahí que quienes crítican la iniciativa de Víctor Isla, desconocen que lo primero que debe contemplar una reforma de este jaez es el número. Un país como el Perú, con 30 millones de habitantes, ¿merece un Parlamento de 145 miembros? Yo creo que es poco y que el Presidente del Congreso se ha quedado corto.

El problema de su propuesta es que solo se trata de una reforma parcial. Y si se quiere de veras mejorar nuestro sistema representativo, hay que empezar primero por acabar con el unicameralismo. Por lo menos con el nuestro. Puede ser bueno para otros países, pero en mi opinión en el Perú ha demostrado ser un completo fracaso. Durante el fujimorato era una simple infraestructura escénica. Las leyes y las decisiones políticas se tomaban en el Servicio de Inteligencia Nacional y los parlamentarios cumplían con el simple espectáculo de votar lo que ya se había decidido en otra parte, sin que esto signifique menoscabar el importante papel que tuvo la oposición para regresar a la constitucionalidad.

Con la primavera democrática que vivimos, las cosas no han cambiado mucho. No habrá digitaciones desde el Ejecutivo, pero hay fracturas graves que impiden consensos, liderazgos, debate de leyes importantes. La debilidad del Parlamento es su falta de representación. Y la existencia de una sola cámara no ayuda. Es necesario una cámara que cobije a los líderes de las regiones y otra en la que se posicionen los liderazgos con alcance nacional. La doctrina dice que la bicameralidad tiene entre sus principales virtudes:

A) Cuando no existe una segunda cámara se siente la necesidad de recurrir a otras instituciones para continuar con la discusiones políticas que no han terminado de consensuarse (el Tribunal Constitucional, por ejemplo).

B) La opinión pública puede estar mejor representada.

C) Puede ayudar a que el trabajo legislativo se realice con mayor ponderación.

D) La segunda cámara puede servir de árbitro cuando existen conflictos entre la Cámara baja y el Ejecutivo.

E) La Alta Cámara puede ser el recinto de las grandes personalidades.

F) El senado puede servir para establecer representaciones corporativas o funcionales, ya que tanto se critica la poca preparación de algunos congresistas.

G) Permite la continuidad del control político cuando el Ejecutivo disuelve la Cámara de Diputados.

H) Y en el caso del Perú, el unicameralismo no tiene tradición y solo ha hecho su aparición en momentos de crisis (1823, 1867, 1993).

No es lo único por hacer. El problema es complejo y pasa también por una reforma del sistema de elecciones y por consolidar partidos democráticos que vuelvan a servir de bisagra entre la sociedad y el Estado. Con partidos políticos, la política se profesionaliza, se vuelve una carrera y no lo que es hoy: un campo en el que imperan los aventureros de última hora que aparecen en las listas porque financian las campañas sin importar a quién representan.


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Carlos Mesía

Opinión

Expresidente del Tribunal Constitucional

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