100 días parecen suficientes

Para celebrar sus primeros cien días de gobierno, el presidente Ollanta Humala invitó a un grupo de periodistas. Parecía que los cien días no habían pasado y se repitió el libreto de lo vivido por él después de su victoria en la primera vuelta.

| 12 noviembre 2011 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.5k Lecturas
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Los periodistas que defienden el modelo económico lo acosaron para arrancarle definiciones como si el presidente no las hubiera dado con su Hoja de ruta, con su juramento ante una treintena de personalidades comprometiéndose entre otras cosas a defender la democracia y no cambiar la Constitución de 1993, y –sobre todo- con sus primeras decisiones de seguir con el mismo presidente del Banco de Reserva, de elevar al rango de ministro de Economía al viceministro de Alan García, y de ofrecer a las empresas multinacionales todas las seguridades para sus contratos en marcha. Si en la economía lo esencial del régimen anterior debía ser mantenido, lo nuevo sería aumentar los fondos públicos para los programas sociales ya existentes y otros nuevos con la esperanza de ayudar los más pobres.

Pareciera que nada de eso era suficiente y gran parte de los medios de comunicación volvieron a avivar las llamas de su miedo secular temiendo que luego de su intervención en la Cumbre Ibero americana de Asunción, Ollanta Humala insistiría en su propuesta de reforzar el rol del Estado, pese a que no dijo nada sobre una economía nacional de mercado, que fue parte de su campaña electoral en la primera vuelta. Los dueños de los medios de comunicación se han tranquilizado luego de otorgar una especie de certificado de buena conducta que el presidente buscó por segunda vez. Ollanta Humala ha desaprovechado la oportunidad de pasar a la ofensiva con nuevas decisiones y proyectos para resolver los conflictos que están ya en el horizonte, empezando por la gran inversión minera para extraer el cobre y oro de Conga, en Cajamarca. Pareciera que el gobierno prefiere actuar luego de que los conflictos estallen y no antes. También en eso, el parecido con los gobiernos de Fujimori, Toledo y García resulta evidente.

La única oposición en serio que tiene el gobierno proviene de los movimientos políticos indígenas que defienden no sólo sus lenguas, culturas, patrias o naciones; es decir, la metáfora todas las sangres de Arguedas, sino también la Amazonía y las cuencas de los ríos en los Andes como fuentes de vida no solo de los pueblos indígenas y las comunidades andinas y costeñas, sino del propio país y de la humanidad entera. Si la opción de base es una política de largo plazo será indispensable renegociar los contratos con las empresas multinacionales. Por qué aceptar que los contratos son intocables. Por qué aceptar que la parte del león se la lleven las empresas multinacionales y por qué aceptar que la economía peruana dependa de la venta de materias primas, como siempre ha ocurrido en la historia. Si esos precios caen, los ex pobres de quienes tanto se habla, volverían a su antigua situación. Si la bonanza tiene pies de barro de qué futuro hablamos.

Calmado el flanco de la derecha con renovados blindajes, el malestar de quienes le dieron con su voto la victoria a Ollanta Humala ya es visible y se multiplicará. Los programas sociales son importantes paliativos, pero paliativos al fin pues no cuestionan la desigualdad social ni con un alfiler. Pasar a la historia por ser un presidente que no robe es un pequeño consuelo. La gran transformación prometida no apareció en los 100 primeros días y no hay por el momento ninguna razón seria para pensar que vendrá después. Los paros en Andahuaylas y Cajamarca en defensa del agua y de la vida, son el primer gran aviso de quienes se sienten defraudados otra vez, como tantas otras en el pasado.


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Rodrigo Montoya Rojas

“Navegar Río Arriba”