1,999: “Raúl” y el SIN

La fotografía de la portada del último número de la revista Caretas, donde se aprecia a “Raúl” (Jorge Quispe Palomino) tocando guitarra junto al general Eduardo Fournier en las instalaciones del SIN, son una muestra del lado secreto que acompaña a los trabajos de toda inteligencia antiterrorista. Ganar para las filas de las fuerzas del orden a cualquier terrorista capturado es una operación exitosa, útil para conseguir información o implementar variadas acciones encubiertas, haciéndole creer a los subversivos que el detenido-colaborador todavía se encuentra libre. Que, como se sabe, permitió engañar a “Feliciano” y conducirlo al lugar donde fue capturado en junio de 1,999. Hasta acá, una operación exitosa y nada que criticar.

| 30 abril 2012 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.6k Lecturas
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Sin embargo, la fotografía ha sacado a la luz el fracaso de otra operación, por el apresuramiento en conseguir réditos públicos a favor de la rereelección de Fujimori. El costo fue muy alto, murieron varios oficiales de nuestro Ejército, fue derribado un helicóptero y los terroristas del Vrae consiguieron abastecerse de las poderosas ametralladoras de la nave que hasta ahora las utilizan para matar a policías y militares.

Sucede que en julio de 1999, una vez capturado “Feliciano” con la colaboración de “Raúl”, éste se convirtió en la niña mimada de los agentes del SIN que consideraron que podrían utilizarlo para llevar a cabo un operativo más importante y de mayor trascendencia. Es que en la época de Fujimori-Montesinos, cuando el SIN evaluaba la trascendencia de un operativo, se calibraba la utilidad política que tenía para el fortalecimiento de la figura presidencial y sus intereses reeleccionistas. Así, el SIN consideró que el mejor aprovechamiento de “Raúl” era saber utilizarlo como un importante peón dentro de una estrategia que consiguiera la rendición pública de los rezagos senderistas del Vrae, base a la cual había pertenecido durante años. Operación parecida a la lectura pública de la rendición de Abimael Guzmán y su cúpula, cuando después de alabar a Fujimori-Montesinos, reconocieron su derrota planteando el Acuerdo de Paz, a un mes de realizarse el referéndum acerca de la Constitución de 1993, hecho que fortaleció la votación por el SÍ fujimorista.

“Raúl”, desde el SIN, se contactó por radio con Alipio, José y otros mandos del Vrae; les comunicó la intención política del gobierno y las gollerías que podían conseguir. Los del Vrae aceptaron conversar personalmente con Raúl y, después, por intermedio de éste solicitaron, como una muestra de buena voluntad, que los abastecieran de alimentos, vituallas y medicinas. Y así se hizo. Fue el primer vuelo.

Posteriormente aceptaron abrir una mesa de negociaciones, en medio de la selva, en la que participaron el general Fournier y otros oficiales del SIN. Fue el segundo viaje del helicóptero. Y, con esta aparente confianza ganada, se preparó una nueva reunión donde se iba a tratar las condiciones de la rendición, la conferencia de prensa, el reconocimiento al gobierno de Fujimori y la entrega de las armas como condición para un acuerdo judicial preferencial (y, por lo bajo, otros beneficios económicos a favor de sus familiares más cercanos). Fue el tercer vuelo, pero no culminó como los otros. El terreno donde el helicóptero se había asentado en tierra en los dos anteriores había sido previamente minado.

Todo esto fue en setiembre de 1999, cuando ya se iniciaba la campaña por la re-reelección de Fujimori. El operativo sicosocial fracasó.


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Carlos Tapia

Opinión

Columnista