El extremismo y el neo senderismo

1.- Se considera extremista al comportamiento de un grupo o colectivo político que justifica el uso de la violencia para quebrantar el sistema legítimo y legal vigente. Cuando la violencia empleada se transforma en lucha armada, generalmente desemboca en acciones terroristas.

Por Diario La Primera | 04 jul 2011 |    

2.- Se le confunde con el contenido radical de una propuesta política a favor del cambio, cuando esta contiene unos objetivos maximalistas correctos por sus fines pero impedidos de ser llevados a la práctica por los riesgos que implicaría alterar el actual statu quo. Un proyecto político radical, de acuerdo a los procedimientos y los medios utilizados para su consecución, puede devenir en totalitarismo (quiebre del orden democrático mediante la fuerza), o si emplea el gradualismo y la negociación, estos cambios, por el contrario, en la mayoría de los casos fortalecen la democracia ampliando la base de su consenso activo (mayor ciudadanía).

3.- Hasta acá las disquisiciones teóricas. Así que vuelvo al tema. Los grupos armados (“rezagos terroristas”) que actúan en el Alto Huallaga y en el VRAE pueden ser calificados como rezagos extremistas que cada vez más superviven de fagocitar al narcotráfico local. Constituyen una pequeña minoría del contingente de ex senderistas. No tienen ni se plantean, en serio, la construcción de un poder alternativo. Utilizan a las masas para su beneficio propio. Deben ser combatidos sin tregua por nuestras FFAA y la PNP.

4.- En cambio, los llamados “acuerdistas” -desde octubre de 1993- han venido atravesando por varias etapas. En un inicio (1993-99), dedicaron sus mejores esfuerzos para buscar diferenciarse y combatir a la facción “Proseguir” (continuación de la lucha armada), en el afán de fortalecer su decisión de abandonar la lucha armada adoptada por Guzmán y su cúpula desde la prisión. Escabroso fue el camino al querer convencer a los militantes y simpatizantes, presos y en libertad, que se organizaran para “defender la Jefatura y luchar por un acuerdo de paz”. Después de la captura de Feliciano (1999) y la huida de Fujimori (fines del 2000), se plantearon privilegiar la lucha legal a favor de mejorar las condiciones carcelarias de Guzmán, así como organizarse como grupo abierto y legal. El llamado “megajuicio” a la cúpula de Sendero Luminosos en el 2005, definió el parte aguas de su estrategia. Ya en las elecciones municipales del 2006 participaron como candidatos en diferentes listas independientes del interior del país. De ahí al recojo de firmas para la legalización política del Movadef solo quedaba dejarse llevar por la inercia ya ganada y sin oposición interna.

5.- Ahora, desubicados por los acontecimientos, aunque débilmente y sin mayores argumentos siguen planteando la amnistía para Guzmán (¿y por qué no, entonces, también la de Montesinos y el grupo Colina?). Confunden la “reconciliación nacional” con el abrazo, fuera de la prisión, entre Guzmán y Montesinos.

Sin embargo, en la práctica organizan círculos de estudios, agitan en las asambleas de los sectores populares y tienen la cancha libre ante la ausencia de los partidos que, como sabemos, solo sirven para las elecciones. Nadie los combate ideológica y políticamente. Y después no nos quejemos. Para mostrar en lo que están transcribimos un texto de “Vórtice”, su revista oficiosa: “Se siente rico cuando la tortilla se vuelve. Cuando se rompen los esquemas. Cuando toman forma las marchas a contracorriente. Se saborea, por ejemplo, el gusto de ver que los mandones agachan la cabeza” ¿Cómo la ven?


    Carlos Tapia

    Carlos Tapia

    Opinión

    Columnista