Qué lisura

Los oídos inmaculados de la derecha y sus adeptos se remecieron a media semana. Una tremenda lisura los aporreó al punto de hacerlos perder su habitual compostura y don de gentes que le llaman. Y es que una cosa es que ellos lancen una grosería de vez en cuando como para colorear un pastillita, por lo demás justa y necesaria, y otra muy distinta es que la diga un GCO, o sea gente como otros, o sea un cholo alzado, uno al que no le está permitido hacerlo.

| 27 setiembre 2009 12:09 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.1k Lecturas
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Es que 400 años de Colonia y cerca de 200 de neocolonialismo, es decir con presidentes en vez de virreyes, es poco tiempo para soliviantarse tanto. Dice Eduardo Galeano que lo peor de la opresión no son las cadenas, sino amarlas, conservarlas primorosamente y consagrarlas cual estandarte que levantan los subyugados.

Los poderosos y sus pinches, que se creen herederos de los ripios de sus amos, consideran de pésimo talante que un sujeto que no aprueban, use las palabras ácidas y feroces que ellos aplican cotidianamente con sus pongos, enemigos y víctimas, como si nada.

De hecho la ira, fuente infinita de mentadas de madre y cuanta lisura se haya inventado o se prepare al momento, no está bien repartida en este valle del señor. Se acumula en los bolsones de pobreza, en los pueblos carenciados y alejados del campo y la selva, en los barrios de la periferia. Pero bueno, no hay problema, que se puteen entre ellos no más, total todos juntos no hacen una sola voz porque desde el poder, ellos son menos que nada, son los que no cuentan.

Un carajazo en un atroz pueblo joven suena como el canto de un canario en medio de la necesidad y la angustia, decirlo, gritarlo o recibirlo, significa poco, es parte de lo que hay, pobreza, violencia, agresión, sumisión, rabia, y cómo no, esperanza.

Pero caray, verbalizar un giro procaz ante un auditorio ardido por el olvido, eso sí que no, y encima vincularlo a lo político, estigmatizando a los santones del olimpo de los que mandan; no pues, así no juega Perú, cada cual debe saber cual es su lado, unos maltratan y malgobiernan, y los otros aguantan, así es la cosa.

Un discurso almibarado y lleno de promesas que nunca se cumplen es perfecto para la recatafila de buenoides que protestan por las palabras duras dichas en una plaza. No les importa qué se dice sino cómo; si el mensaje es falso y vacío pero puede engañar al auditorio, va.

Contra los que la denigran, la lisura siempre estuvo presente en los gritos libertarios a lo largo de la historia. Será que los insultados de siempre la conocen demasiado, y quieren devolverla.


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Rosa Málaga

Crónicas pasajeras

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