Ver para no creer

Tragedia mayor de la gran prensa, incluida la televisión, es que acapara espacios, pero no obtiene credibilidad. Lo acaban de reiterar los resultados de encuestas, que revelan que la mayoría no comulga en el altar de ciertos “líderes de opinión”.

| 03 abril 2012 12:04 AM | Columna del Director | 3.6k Lecturas
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Jaime de Althaus ha manifestado en días recientes su disgusto porque el gobierno haya accedido a dialogar con los mineros informales, después del choque que en Puerto Maldonado produjo tres muertes. El mensaje implícito es: El diálogo no cabe. Hay que redoblar la fuerza.

Sin embargo, la encuesta reciente de GfK encuentra que el 66 por ciento de los consultados cree que el Estado debe establecer mayor diálogo para resolver los conflictos con esos mineros.

Se repite así lo que hemos visto en varias elecciones generales del siglo pasado y del actual. El cargamontón periodístico contra un sector o candidato o a favor de él no da los resultados previstos.

Mi más antiguo recuerdo es el de las elecciones de 1945, cuando se enfrentaron dos grandes candidaturas: la del general Eloy Ureta, que ostentaba el merecido prestigio del triunfo en la guerra contra Ecuador, y la del doctor José Luis Bustamante y Rivero, candidato del Frente Democrático, movimiento cívico que reunió a demócratas independientes, al Apra y al Partido Comunista Peruano.

Quien revise las páginas de El Comercio en los días de esa campaña electoral encontrará que ese diario publicaba páginas y páginas sobre mítines y declaraciones a favor de Ureta. La llegada de Bustamante, que se manifestó con un Estadio Nacional repleto, sólo obtuvo en El Comercio una información de 20 líneas en página interior y par.

En general, toda la prensa, todas las radios, apoyaron a Ureta. Al final el triunfo de Bustamante fue abrumador.

Hace muchas décadas, en octubre de 1927, José Carlos Mariátegui señaló el papel de Baldomero Sanín Cano en la crítica y la renovación del periodismo de Nuestra América. El Amauta veía gran progreso en el reemplazo de la crónica epidérmica y egocéntrica por el ensayo y el reportaje, a lo cual había contribuido el colombiano Baldomero Sanín Cano. Pues bien, en 1933, respondiendo a una encuesta del Instituto Internacional de Cooperación Internacional, Sanín Cano señaló el origen del mal:

“En resumidas cuentas, para lograr que un periódico sea vehículo de nociones útiles, instrumento de civilización y sirva la verdadera causa de la humanidad, habría que comenzar por librarlo de su carácter de empresa industrial, tarea demasiado llena de contingencias en un mundo regido exclusivamente por la ley de la competencia”.

Sanín Cano, coincidiendo con Mariátegui, pedía que la prensa no fuera rehén del sensacionalismo, que no se limitara a ser negocio, que tuviera un rol de apertura cultural y de vulgarización inteligente.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com