Vega o el paraíso de los libros

Jorge Vega “Veguita” se marchó el domingo. Para siempre. Quienes fuimos sus amigos fraternos durante más de medio siglo, y compartimos con él ideas e ideales, y disfrutamos de su humor y su cultura, esta es una pérdida inmensa. Sentimos que nos vamos quedando solos.

| 29 enero 2013 12:01 AM | Columna del Director | 1.1k Lecturas
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Las crónicas livianas presentan a Vega como un librero. Era más que eso. Era un distribuidor de cultura. Alguna vez me dijo: “Yo creé la Fundación Vega con el fin de elevar el nivel cultural del periodismo peruano. Debo confesar que he fracasado”.

Hace seis o siete años, conversé con él respecto a los antiguos libreros de lance o de viejo de Lima. Los conocía a todos y conocía su vida y sus anécdotas.

En esa ocasión trazó un paralelo: “En las redacciones de antes, los periodistas me pedían libros de historia, biografías, novelas y cuentos. Ahora buscan novelas policiales y libros de cocina. Muchos quieren escribir libros culinarios”.

Poesía era su gran amor. Había reunido más libros de poesía peruana que la Biblioteca Nacional. Tengo entendido que elaboró un catálogo que donó a la Biblioteca.

Otra de sus pasiones era la política. No en vano era hombre de izquierda. Militó en la Juventud Comunista hasta que el más alto dirigente del Partido, por celos, lo hizo expulsar como “agente de la CÍA”. (Ese mismo personaje quiso hacerme aparecer, años después, como agente contrario a la República Democrática Alemana).

Gajes del ofidio. Menos mal que Vega no se envenenó. Conservó su alegría y su insaciable ritmo de lecturas y aventuras. Siguió yendo todos los días a La Herradura, a correr olas en su tabla hawaiana y a almorzar en el acogedor, apetitoso restaurante El Mar. Allí cocinaban para él y un grupo de amigos platos de antología.

Deportista incansable, alguna vez dijo en Caretas: “Quién como ustedes que pueden contemplar a un griego. Yo, para hacerlo, tengo que mirarme en un espejo”.

Pocos saben que era un temerario trompeador en La Colmena, La Parada y los barracones del Callao. Como en el tango viejo podía decir: “No pregunto cuántos son. Digo que vayan saliendo”. Lo he visto enfrentarse con cuatro matones que ofendían a Gonzalo Rose. Una vez le bajaron el juego de sala, es decir, casi toda la dentadura. En esa época me dijo Manuel Acosta: “¿Sabías que Veguita es vidente?”. “¿Adivina lo futuro?” le pregunté. “No”, me explicó Manuel, “es bidente, porque solo le quedan dos dientes”.

Los amigos más cercanos de Vega sabíamos que había escrito poesía inspirado en una mujer que se alejó. Hace poco declaró, en entrevista con Luis Chávez Alpaca: “He escrito mucha poesía, que no he publicado porque me podrían haber dado el premio nacional, pues son tan malas como todas las premiadas”. Detestaba la poesía puramente descriptiva, que no ahonda en el ser y, además, hunde la gramática.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com