Una Bolsa de nervios

El 24 de octubre de 1929 se produjo en la Bolsa de Valores de Nueva York una catástrofe que repercutió en todo el mundo, el Perú incluido. “Ese día”, escribe John Kenneth Galbraith en su libro The great crash, “12’894,650 acciones cambiaron de manos, muchas de ellas a precios que destrozaron los sueños y las esperanzas de quienes habían sido sus poseedores”.

| 25 octubre 2011 12:10 AM | Columna del Director | 2.1k Lecturas
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Uno de los afectados, el genial caricaturista arequipeño Julio Málaga Grenet, me contó que en esa quiebra colosal él perdió toda la fortuna que había acumulado con su trabajo en la prensa norteamericana.

Entre las repercusiones peruanas estuvo la reducción violenta de las exportaciones minerales, debido a la parálisis industrial en Estados Unidos. Esto ocasionó huelgas y matanzas en nuestra sierra central. El malestar social condujo a que Eudocio Ravines, entonces secretario general del recién fundado PC peruano, creyera oportuno lanzarse a la revolución, con la consigna plagiada de “¡Todo el poder a los soviets!”.

Tan hondo fue el daño a la economía peruana que el banco más poderoso del país, el Banco del Perú y Londres, se declaró en quiebra el 27 de febrero de 1931.

En esos días, nuestro país decretó una moratoria en los pagos de la deuda externa. La falta de pagos duró 15 años.

Una ola de despidos y represión sacudió al Perú.

Augusto Bernardino Leguía, el dictador que había gobernado al país a punta de inversiones y créditos estadounidenses, fue derrocado. Al compás de la crisis crecieron los flamantes Partido Aprista y Partido Comunista, ferozmente reprimidos por una oligarquía y un imperialismo asustados.

Al gran crash en Estados Unidos siguió, informa Galbraith, la gran depresión, que duró diez años.

Asombroso es que ni los hombres de negocios ni los economistas del Tío Sam hubieran previsto la catástrofe. Al contrario, en su mensaje a la nación del 4 de diciembre de 1928, el presidente Calvin Coolidge había expresado: “Ningún Congreso de Estados Unidos se reunió jamás con perspectivas más gratas que las que aparecen ahora. En el campo interno hay tranquilidad y contento… En el campo externo hay paz, la buena voluntad que proviene de la comprensión mutua”.

Poco después, Hitler se adueñó del poder en Alemania.

Días antes del jueves negro, el 30 de setiembre, el doctor Julius Klein, subsecretario de Comercio y amigo del entonces presidente Herbert Hoover, había sostenido que “el negocio fundamental” de Estados Unidos era sano.

Klein fue quien introdujo el primer régimen neoliberal en el Perú, durante el gobierno del general Manuel Arturo Odría. Manuel Seoane, “El Cachorro” del Apra, escribió en esa época, desde el destierro: “Usted fregó las cosas, mister Klein”.

Hoy, las Bolsas del mundo son un costal de nervios. Como en octubre de 1929.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com

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