Un racismo inesperado

El gobierno de Francia ha emprendido desde hace un mes la expulsión de todos los gitanos no franceses, bajo la acusación de que como grupo ejecutan actividades ilícitas. Desde la guerra mundial no se veía en Europa Occidental una medida de filo racista como esa.

Por Diario La Primera | 21 set 2010 |    

El grave atentado me trajo a la memoria el hecho de que los nazis mataron en hornos crematorios a judíos, comunistas, homosexuales y gitanos.

Antes de Francia, la Italia de Silvio Berlusconi estableció un plan de seguridad que califica a los gitanos de amenaza para la seguridad nacional, por lo cual disponen la expulsión de gitanos no italianos.

Como ha explicado nada menos que George Soros, el presidente de Soros Fund Management, los Estados tienen derecho a sancionar actividades delictivas, pero expulsar a ciudadanos de la Unión Europea criminalizándolos por pertenecer a una etnia determinada “es una violación de sus propias directivas sobre discriminación racial y derecho a la libre circulación de personas entre dos Estados miembros de la Unión Europea”.

(Soros es el jugador de bolsa que financió la primera campaña presidencial de Alejandro Toledo).

Sin duda que hay gitanos delincuentes, así como hay peruanos delincuentes, que no son gitanos. Pero extender a todos los gitanos ese estigma es un abuso indigno de Francia.

Los gitanos son nómadas por tradición. No soportan el sedentarismo ni el orden de lo establecido. En la época en que viví en Europa supe que los gitanos no aguantaban ni los beneficios que los países socialistas les habían otorgado. Ellos quieren partir siempre. Su techo es el cielo, su cama es el suelo y su linde la mar.

Los gitanos emigraron masivamente del noroeste de la India en los siglos VIII y IX. Se instalaron en varios países de Europa. En Hungría se contaban hace cien años 280,000, y 250,000 en Rumania.

Las dos guerras mundiales y la persecución nazi trastornaron esas cifras. Se cree que en España hay unos 200,000; pero algunos aducen que sólo en Andalucía hay 300,000.

Lo cierto es que la cultura española tiene entre sus notas patentes la presencia gitana. La bailaora Carmen Amaya, el poeta Félix Grande y el guitarrista Paco de Lucía son gitanos famosos en América Latina.

El canto y el baile hispánico tienen en la gitanería uno de sus atractivos. Hay en la belleza de la música gitana un fondo de tristeza, igual que en toda música honda. “¿Alguien conoce una música alegre? Yo no”, dijo Chopin. Y García Lorca, gran amante y conocedor de la cultura gitana, escribió: “¡Oh pena de los gitanos, / siempre limpia y siempre sola! / Pena sin dolor de origen, de madrugada remota”.

Los racistas europeos quieren ahora aumentar la pena zíngara. Nuestros gobiernos deberían expresar su extrañeza y su malestar por ese talante que al final nos abarca.


    César Lévano

    César Lévano

    Razón Social

    cesar.levano@diariolaprimeraperu.com