Un mar de rica plata

Si tampoco la memoria me es ingrata, el César Vallejo joven concluyó su entrevista a José María Eguren con esta pincelada sobre Barranco: “turquesa y verde enérgico, y el mar, de rica plata”.

| 18 diciembre 2008 12:12 AM | Columna del Director | 376 Lecturas
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La frase acudió a mi recuerdo al compás de la discusión sobre la Costa Verde, ese espacio donde la bahía de Lima se asoma al océano más rico en peces y más oloroso a vida y yodo del mundo.

Surge en mí otro recuerdo. Hace veinte años, fui a una playa del sur conducido por Epifanio Pérez, el ayacuchano que soñó una ciudad, la soñó y la fundó: Villa El Salvador. A puro pulso sembró un pueblo en el arenal.

Fuimos esa vez con mi esposa, nadadora eximia otrora, en el viejo automóvil de mi hermano Epifanio. Cuando acabábamos de sentarnos sobre la arena, un grupo de personas nos comunicó que debíamos largarnos, porque esa playa era propiedad privada. No profesaban la cortesía.

¿Por qué me asalta esa recordación?

Porque veo en la Costa Verde un problema y una posibilidad. El problema es que existe la Autoridad Autónoma de la Costa Verde, presidida por el alcalde metropolitano de Lima; pero esa Autoridad ha dejado que se produzca un ir y venir de olas, y proyectos, mas no ha hecho nada en realidad.

El Presidente Alan García lanzó días atrás un esbozo de plan de obras a realizar en ese espacio. Varios alcaldes, en vista de eso, salieron en defensa de sus fueros como miembros de la Autoridad Autónoma.

Del choque ha surgido un acuerdo al parecer auspicioso. La Autoridad se ha sacudido de su letargo añejo, y el gobierno central ha prometido financiamiento para algunas obras.

Cuando entró a tallar García, me preocupó la obsesión antisocial con que éste pasará a la historia. Quizás, pensé, tiene ya propuestas para instalar hoteles, restaurantes y clubes, que pueden ser muy buenos, si es que se les fijan límites y deberes, o muy malos, si se les permite navegar con bandera de piratas.

Si, en otras palabras, no se permite que el mar de la Gran Lima, ese mar en que pueden bañarse diez millones de personas, se convierta en paraíso reservado a pitucos, y negado a la mayoría.

Ese es el problema central, el mar de fondo.

García ha proclamado que le gustan los hombres de raza cobriza. Sin embargo, prefiere comer con los otros, lo cual me hace temer que esté pensando en servirles la Costa Verde en el menú.

Hace pocos domingos, César Hildebrandt presentó en su programa El Perro del Hortelano del Canal 11 un reportaje sobre la pavorosa privatización de playas en nuestro litoral.

Esa realidad obliga a plantearse exigencias y prevenciones de orden social frente a los proyectos referidos a la Costa Verde.

En caso contrario, millones pueden reclamar un día, tempestuosamente, el derecho de nadar. El mar de rica plata no ha de ser sólo para los platudos.

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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com