Un hombre de dolor y amor

Me obsede el recuerdo del poeta Juan Gonzalo Rose proclamándose crístico, en el sentido de que, al margen de iglesias y ritos, tenía él una visión en la cual armonizaban el socialismo y la religión.

| 21 marzo 2008 12:03 AM | Columna del Director | 388 Lecturas
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En general, los poetas han tendido a privilegiar la imagen de un Cristo pobre, bondadoso y rebelde. En su poemario temprano Libro de horas, Rainer María Rilke clama: “¿Dónde está aquel que dejando los bienes y el tiempo / se ha fortalecido y elevado hasta la gran pobreza, / cuando arrancó sus ropas en la plaza del mercado / y avanzó desnudo delante del obispo?”

Antes, Víctor Hugo escribió en el siglo XIX un poema hermosísimo que finge redactado por un hombre rico de los días del Nazareno que denuncia ante las autoridades la presencia de un “forajido” que anda predicando doctrinas subversivas y llamando a la rebelión contra la injusticia. El nombre de ese indeseable, dice el ricachón, es Jesucristo. Había que reprimirlo.

Otro francés, Henri Barbusse, ya en el siglo XX, escribió Jesús, una biografía no autorizada en forma de versículos en la que se lee: “Mi reino no es de este mundo. Pero lo será. Porque mi reino es de este mundo, pero no es de este tiempo.”

En el Perú, en 1912, los anarquistas lanzaron una edición extraordinaria de su periódico La Protesta, dedicada a condenar la matanza de peones azucareros en Chicama. En esas páginas se incluye un poema de fustigantes belleza y poder. Esa creación, firmada con seudónimo, concluye con la imagen de un Cristo que avanza a la cabeza de una marcha rebelde. Rebelde y justiciera.

Cinco años después, ¡oh sorpresa!, el poeta ruso Alexander Blok escribe el estremecedor poema Los Doce, cargado de historia y premoniciones, y en que Cristo aparece también como un abanderado de la justicia.

No soy entendido en teologías, pero hace algún tiempo reproduje y comenté las conclusiones de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano efectuada en Aparecida, Brasil. Me basé en la información de Le Monde Diplomatique, edición peruana. El domingo último hemos publicado otro texto sobre esa cita católica, en la que se volvió a proclamar la opción por los pobres y los excluidos.

Hoy Viernes Santo, el catolicismo conmemora y llora el martirio y la muerte de Jesucristo y recuerda que Dios se hizo hombre para redimir a la humanidad.

Si Cristo, ese personaje de dolor y amor, volviera, condenaría, igual que ayer, a los usureros, los injustos y los hipócritas. Castigaría a los que se golpean el pecho en las iglesias, y fuera del templo torturan a los rebeldes, bombardean a inocentes, o hambrean a los pobres. El imperio lo volvería a crucificar, sin duda.

Pero el verbo de la Verdad avanzaría. Y la imagen rebelde se alzaría a la cabeza de la muchedumbre. Como en La Protesta, como en Blok.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com