Un diccionario, por favor

El congresista José Luna Gálvez es gerente y propietario de la Universidad Privada Telesup. Sería bueno que se matriculara en el primer año de ese centro de estudios. Quizás así podría aprender algo acerca de lengua y gramática, y habría evitado la risa (y la cólera) que despertó ayer, cuando declaró que su partido, Solidaridad Nacional, “no se irroga la paternidad de la revocatoria”.

| 21 febrero 2013 12:02 AM | Columna del Director | 1.3k Lecturas
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Luna es secretario general de Solidaridad Nacional. Se trata, pues, de un dirigente político de alto calibre. Sus prósperos negocios en la educación le permiten cobrar apenas un sol mensual por su función legislativa. Sería bueno que cobrara un poco más, con el fin de que pudiera comprar el diccionario de la Real Academia de la Lengua, el Pequeño Larousse Ilustrado (que ahora no es tan pequeño), los textos de Lázaro Carreter sobre dudas e incorrecciones en el manejo del idioma español.

Si el adinerado educador recorriera esas páginas se enteraría de que, por lo pronto, los libros no muerden, y de que el verbo irrogar significa causar perjuicio o daño. El verbo que debió emplear es arrogar, que indica atribuir, adjudicar.

El congresista Luna exhibe títulos académicos que denotan el nivel de la educación superior en el Perú: es economista por la Universidad San Martín de Porres, doctor en Educación por la misma Universidad y Maestro en Economía por esta misma. Su arsenal de títulos es tan impresionante como su manejo del idioma: es Master Internacional en Acreditación y Certificación en la Universidad del Sacro Cuore (Sagrado Corazón) de Italia, Especialista en Sistemas de Cómputo. Siguen títulos y doctorados.

El gazapo de Luna confirma el bajo nivel intelectual y cultural de nuestros congresistas, con contadas excepciones. Hay que suponer que su acceso al Congreso se debió a sus posibilidades económicas. Sería insultante para él, suponer que fue lanzado al ruedo gracias a su oratoria persuasiva, su nivel político, su trayectoria cívica o sus dotes pedagógicas.

Esa misma suposición se puede aplicar al anuncio de don José Luna de que va a pedir un mes de licencia (sin el pago de un sol, que maldita la falta que le hace) con el objeto de consagrarse a la campaña por la revocación de la alcaldesa Susana Villarán. Cabe suponer que Luna dedicará muchos soles a la lid.

¿Cuáles serán los argumentos de Luna en su batalla política de un mes? Mucho me temo que consistan en cocinas, ollas, bolsas de arroz o de frijoles, aparte de polos, camisetas, blusas, pelotas de fútbol y lluvia de volantes. Unas bolsitas de quinua no vendrían mal. No estaría mal que, en estos días de inicio del año escolar, obsequiara también diccionarios.

La pobreza verbal del congresista expone un mal del sistema educativo nacional: el divorcio entre las llamadas ciencias exactas y las humanidades.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com