Un Congreso contra el pueblo

La peor cara del Perú es la del Congreso de la República. El 78% de los peruanos lo desaprueba; apenas 15% lo respeta.

| 18 marzo 2008 12:03 AM | Columna del Director | 308 Lecturas
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Estos datos, que provienen de la última encuesta de Apoyo, realizada entre el 11 y el 13 de marzo, revelan un aspecto tragicómico de la política peruana: un Congreso capaz de aprobar a Tula Benites (para después dar marcha atrás) no merece el respeto de casi nadie. Sólo uno de cada siete peruanos lo sostiene.

Ese es el Congreso que salva de la censura al ministro Luis Alva Castro, el cual, a su vez, es desaprobado por la opinión: un 87% pide su renuncia.

Ese es el Congreso que aprueba leyes represivas y dice “sí, señor” a todos los despropósitos de un Ejecutivo cuyo presidente, Alan García, tiene apenas un 28% de aprobación (en marzo del 2007 tenía 50%. Si ese ritmo de desaprobación se mantuviera, dentro de un año sería aprobado sólo por el seis por ciento).

Se ha profundizado el abismo entre el país real y el país oficial, ese abismo que Jorge Basadre condenó sin ira, pero sin pausa. Es la manifestación de lo que el propio Basadre señaló como el mal que provocó la derrota en la guerra con Chile y pervivió después: el Estado empírico y el abismo social.

Basadre no alcanzó a ver hasta qué punto iba a decaer el papel del Parlamento en el Perú.

Entre tanto, Jorge del Castillo ha vuelto a ofender a los trabajadores que alistan un paro. Él profetiza: “Es una cosa meramente politizada que no tendrá éxito porque más del 90% de peruanos no queremos paros”. Omite que el 64% de los peruanos no lo quiere a él.

El descontento ciudadano se expresa en el 71% que considera que la principal causa del malestar son el alza de precios y la inflación.

Los portavoces del régimen aseguran que la suba de los alimentos tiene origen extranjero, puesto que hay alzas de algunos de esos productos en el mercado mundial.

El problema real no es lo que está ocurriendo afuera, sino lo que hizo el oficialismo adentro. Más interesado en atraer inversiones aunque sean depredadoras y en reprimir y matar opositores, el régimen no se ocupó de calcular y prever tendencias internacionales en el precio de los productos de consumo doméstico. Tampoco ha enfrentado los graves problemas del campo peruano.

La ruina de los paperos, los males de la industria láctea, han encontrado un Ejecutivo ajeno al agro. Los grandes empresarios y los grandes importadores de trigo son factor decisivo de la crisis.

A la inversa, este gobierno se ha negado a dialogar con los gremios agrarios, que tienen reiteradas propuestas para mejorar la producción alimentaria y abaratarla, para aminorar el alza de precios de los fertilizantes y refrenar la especulación.

La cosecha de los precios altos ha sido sembrada, pues, por la política interna más que por el mercado mundial.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com