Selva del olvido

Otra vez tres muertos por obra de los remanentes de Sendero que hoy son sicarios del narcotráfico y traficantes ellos mismos.

| 29 abril 2012 12:04 AM | Columna del Director | 1.9k Lecturas
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Al pie de los ataúdes hay que recordar que el régimen de Alan García dejó pasar la importación y el transporte de los insumos químicos para la elaboración de cocaína y hasta eliminó un centro de inteligencia de probada capacidad informativa.

El Gobierno de Ollanta Humala no da aún prueba de eficacia en la lucha contra el narcotráfico y contra el abandono tradicional que padece la Amazonía. Acierta por eso el general PNP Remigio Hernani, exministro del Interior, cuando reclama la renuncia de los ministros de Defensa, Luis Alberto Otárola, y del Interior, Daniel Lozada, “por vergüenza ante los resultados mortales” y por limitarse a cumplir las órdenes del premier Óscar Valdés.

Lo cierto es que Valdés parece más preocupado por defender el proyecto Conga y, en general, por atender las demandas de los sectores más antisociales del empresariado.

Ahora bien, el signo distintivo de éstos es la codicia máxima. Lo estamos viendo en el debate sobre límites a la propiedad agraria. Si se acatara su presión, alguien (nacional o extranjero) podría comprar todas las chacras de Lima o de Tacna. Y en tal caso, cualquier narco asesino como los que hay en México podría instalar su dominio sobre anchas superficies de la selva, incluido el valle de los ríos Apurímac y Ene (Vrae).

Una prédica difundida a través del poder mediático refleja, por otra parte, el interés de que el Estado se reduzca al mínimo. Lo que ocurre en el Vrae demuestra a dónde conduce el neoliberalismo de los Hernando de Soto y sus ejecutores políticos Alberto Fujimori y Alan García.

Todo se relaciona en la economía y la política.

Hemos señalado más de una vez la peligrosidad creciente de las huestes del narcotráfico aliadas con algún cartel mexicano. Eso significa muchos dólares, armas modernas, culto de la muerte.

Pese a quienes quisieran que el Estado se limite a autorizar los nuevos latifundios y dejar a la población amazónica a merced de la pobreza, y del narcotráfico, algunos funcionarios del régimen empiezan a comprender que la lucha no es solo militar y policial. Hace falta, junto con mejor equipo operativo, mejor logística y aparato de inteligencia, una política de promoción social.

Uno de las paradojas gubernamentales del Perú es que el Estado suele realizar obras costosas, recurriendo a los fondos fiscales es decir, el dinero que se nos recorta mediante impuestos, pero los beneficiados resultan al final los dueños de grandes fortunas y acaparadores de tierras –esos mismos que detestan la idea de poner límites a la propiedad rural–.

En Chavimochic, dos compañías controlan el 35 por ciento de sus 46 mil hectáreas. En el proyecto Olmos, el 70 por ciento está en manos de dos empresas.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com