Selva mágica y trágica

La selva amazónica del Perú alberga 806 especies de aves registradas. Registradas, es decir, que aún faltan muchas por descubrir. Tiene la Amazonía nuestra 2.500 especies de mariposas diurnas, del total de 16.000 que hay en el mundo. Plantas superiores (que dan flor), peces que nutren a los selvícolas, árboles majestuosos y diversos, que oxigenan el planeta, ríos como el Amazonas (“monarca de los ríos” lo llamó Carlos Germán Amézaga, poeta y pensador peruano), que constituyen una reserva inmensa de agua dulce: todo eso es la Amazonía. Le cae bien por lo tanto la flamante denominación de maravilla mundial.

Por Diario La Primera | 14 ago 2012 |    

Ojalá que ese reconocimiento, conferido por la Fundación New Seven Wonders, no sólo sirva para halagar el orgullo nacional y atraer turistas, sino también para que el país reflexione sobre la realidad y las posibilidades de esa inmensa región, así como sobre los peligros que la acechan.

La amenaza proviene de quienes piensan solamente en explotación y depredación, no en defensa del ambiente, de la fauna y flora, y de los seres humanos que la pueblan, la conocen y la defienden.

El portaestandarte de esa amenaza es Alan García, quien, cuando era presidente, publicó en El Comercio su artículo “El síndrome del perro del hortelano”. Allí predicó, sin tapujos, la conveniencia de entregar en la selva concesiones de 5.000, 10.000 o 20.000 hectáreas para la explotación privada.

Hace años, en la extinta Antena Uno Radio, el dirigente de un pueblo amazónico me explicó que allí, debido a los residuos químicos de una explotación petrolera, los peces habían desaparecido, y con ello un recurso alimentario. Además, no había ya especies de aves que se alimentaban también de los peces.

El sucio negocio de la droga rompe asimismo en la selva la cadena de vida. Los residuos químicos que emplea van a dar a acequias, de allí pasan a los ríos.

En el bosque de sombra y verde eternos se refugia una de las últimas señales de convivencia pacífica entre el hombre y la naturaleza.

En “Regionalismo y centralismo” de los 7 ensayos, José Carlos Mariátegui dedica una extensa nota de pie de página a la anarquista loretana Miguelina Acosta Cárdenas, que había estudiado en Suiza y activaba en el movimiento obrero (fue gran colaboradora de mi padre, Delfín Lévano) y era pionera en los estudios amazónicos. Allí, el Amauta recuerda que no se debe confiar en recursos contingentes. Francisco García Calderón en Le Pérou contemporain había llegado a sostener que en el caucho estaba el porvenir del Perú. “Todos compartieron esta ilusión”, anota Mariátegui.

La gran luchadora murió joven. Pero tiene herederos en los líderes de la selva y en los científicos sociales y escritores que estudian y defienden la Amazonía.


    César Lévano

    César Lévano

    Razón Social

    cesar.levano@diariolaprimeraperu.com