Sábado, “día del pueblo”

Allí por los años 30 y 40 del siglo pasado, repetida era la frase: “sábado, día del pueblo”. Eran los días de las fábricas en los barrios populares, de las sirenas fabriles que animaban una ciudad entonces pequeña. Eduardo Márquez Talledo, el extraordinario compositor, el Felipe Pinglo del Callao, escribió un valse en que precisa que, en realidad, el pueblo trabajador no tiene día.

| 19 octubre 2012 12:10 AM | Columna del Director | 1.2k Lecturas
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Todo esto se agolpa en mi memoria al recorrer las páginas del Anuario Estadístico 2011 del Ministerio de Trabajo. Encuentro ahí que Lima sigue siendo la ciudad proletaria del Perú. De los 2 860 391 obreros y empleados del sector privado que en diciembre de 2011 había en el país, 1 964 309 trabajaban en Lima (la cifra no incluye maestros ni empleados públicos). Callao tenía 124 378, La Libertad, 121 006 y Arequipa, 116 378.

En cuanto a la organización sindical, los registros indican que la abrumadora mayoría está afiliada a sindicatos, pero no a federaciones: aquellos suman el 95 por ciento, éstas apenas el cinco por ciento. Eso es indicio de la debilidad y la falta de concentración organizativa de los trabajadores.

Esto obedece, sin lugar a dudas, a la sistemática coerción antisindical que se aplica en la mayoría de las empresas. Se emplean métodos implantados en décadas recientes en los Estados Unidos: despidos de dirigentes sindicales, estímulos para los no sindicalizados, contratos que obligan a no sindicalizarse. Capitalismo salvaje, o sea neoliberalismo en todo su furor.

Esa es asimismo la causa de un hecho asombroso: En 1976 hubo en el país 345 huelgas; en 1981, 871, pero en el 2011 solo 84. No se debe por cierto a que el sector laboral esté contento y satisfecho. Obedece a que empresarios y autoridades tienen listo el látigo de la represión.

No es que las huelgas sean una gran cosa. Pero en países realmente democráticos son un recurso legal, legitimado por el abuso patronal. Son una señal de libertad ciudadana y un arma en la lucha por la justicia social, por la dignidad humana.

En la historia del siglo XX peruano, los sindicatos y las huelgas sacaron al país del marasmo semifeudal. Rompieron, con el apoyo moral e intelectual de Manuel González Prada, la tradición de servilismo y sumisión de las clases subordinadas. De la lucha por las ocho horas y por mejores condiciones de vida y de trabajo surgió un aliento nuevo, una masa emprendedora, que transformó y mejoró al país.

De ese fermento surgieron el socialismo de Mariátegui y el Apra, como partido propuesto por Alberto Fonkén, textil de Vitarte, quien señaló al dirigente estudiantil Víctor Raúl Haya de la Torre la necesidad de crear un instrumento de defensa, frente a la ofensiva autoritaria, represiva y reeleccionista de Augusto Bernardino Leguía. Fonkén provenía de la falange anarquista que conquistó la jornada de ocho horas.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com

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