Rose, donante de oro

Nuestro diario publicó ayer una foto en que aparezco con Juan Gonzalo Rose. Fue al anunciar la presentación del catálogo de una muestra de fotografía de ese gran artista de la luz y las sombras que es Herman Schwarz.

| 22 mayo 2012 12:05 AM | Columna del Director | 1.5k Lecturas
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La imagen me emocionó y me trajo el recuerdo de las muchas vivencias, anécdotas, que compartimos desde la más temprana e intensa juventud.

Tenía Juan Gonzalo una fibra de humor tenue pero honda. Conocida es la historia de un diálogo en que Víctor Raúl Haya de la Torre le dice: “Usted fue aprista, señor Rose”, y Rose le replica: “Usted también”.

En verdad, Rose nunca fue aprista. Fue elegido con votos apristas a un cargo estudiantil. Se alejó de sus vínculos con el Apra, porque los apristas sanmarquinos, acatando consigna de Haya, hostilizaron a patriotas de Puerto Rico de visita en Lima.

Un amigo fue una noche a buscar a Rose, y, al no encontrarlo, le dejó este mensaje: “te espero mañana en mi casa para intercambiar ideas”. “No, porque salgo perdiendo”, respondió el poeta, en un mensaje por debajo de la puerta esa misma noche.

Víctor Merino, el gran músico y compositor, que ha agregado melodía a muchos versos de Rose, me ofreció esta imagen del poeta. Es fragmento de un texto que publiqué en la revista Sí, el 2 de mayo de 1988:

“Una de las cosas más dramáticas ocurrió en el Segundo Festival de la Canción Peruana, en 1982. Juan Gonzalo temía perder. Me dijo: ‘A estas alturas yo no quisiera perder. No tendría cara para perder. No sé qué haría’.

“En el jurado estaban Chabuca Granda, Manuel Scorza, Jorge Donayre, no se sabía el nombre de los autores. Por la poesía de la canción sospecharían que era de Juan Gonzalo. Había cariño por ese tema, fue el más aplaudido. Nos quedamos hasta el final. Además, querría que esa noche nunca se terminara. Yo estaba con dos trofeos, uno era de plata y uno de oro.

“Al salir vi a Juan Gonzalo, que estaba solo, frente al Municipal. Se acercó, yo era el que estaba delante, él no tenía dinero para tres tragos que había consumido, el dueño no le permitía salir. Él había rondado en torno al Teatro Municipal. Había estado en tres bares. Pero el que estaba frente al Municipal tenía televisión. Así se enteró de que había ganado. Pero no podía atravesar la pista porque tenía que pagar tres tragos.

“Chabuca Granda nos llevó entonces al “Karamanduka” de Miraflores. Llegamos al sitio. Juan Gonzalo con su trofeo de oro. Una dama se acercó y lo felicitó, y Juan Gonzalo le regaló el trofeo. Yo le pregunté: ¿el trofeo dónde está? Y las chicas que estaban a su lado, dijeron: ‘se lo regaló a una señora que le dijo un piropo’.

“Así era Juan Gonzalo. Exactamente así. Capaz de dar, por una palabra de amor, todo el oro que poseía”.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com