Repsol: más que negocio

La posibilidad de que el Estado peruano compre la Refinería de La Pampilla, propiedad de la empresa española Repsol, ha arrancado alaridos de indignación en los sectores políticos y empresariales partidarios del neoliberalismo, esa política que ha hundido en crisis a Europa.

| 24 abril 2013 12:04 AM | Columna del Director | 2.3k Lecturas
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Quienes se oponen a la operación alegan que esta violaría la Constitución, lo cual es falso. La Constitución autoriza la coexistencia de empresas privadas, estatales y mixtas. “El Estado reconoce el pluralismo económico”, dice el artículo 60. “La economía nacional se sustenta en la coexistencia de diversas formas de propiedad y de empresa”.

La Asociación de Grifos y Estaciones de Servicios del Perú (Agesp) rechaza la intención gubernamental porque, asegura, busca aplicar una regulación de precios. Si esto fuera exacto, no sería malo. En los años recientes se ha demostrado que eso del libre mercado y del libre comercio es un cuento armado por las transnacionales a través de sus instrumentos el FMI y el Banco Mundial.

La reacción contraria a la iniciativa favorece la ambición del Grupo Romero, asociado a la empresa chilena Empresa Nacional del Petróleo (Enap). Es este ente estatal de un país que tiene graves problemas energéticos, que necesita angustiosamente combustible para sostener su economía y sus proyectos faraónicos en el norte de su territorio.

No se debe olvidar que el artículo 59 de la Constitución establece que el Estado garantiza la libertad de empresa, comercio e industria, y precisa que “el ejercicio de estas libertades no debe ser lesivo a la moral, ni a la salud, ni a la seguridad pública”.

Pues bien, sabido es que nuestro país casi no tiene flota marítima mercante. El transporte a lo largo de nuestras costas está a cargo de naves chilenas. Si el Estado abdica de su derecho a intervenir en la compra de Repsol, la refinería pasaría a control de la empresa estatal chilena, asociada con un grupo bancario peruano. No cabría mayor atentado contra la seguridad pública, contra la defensa nacional.

La Refinería de La Pampilla procesa 102.000 barriles de crudo cada día, que es más de la mitad de la refinación del país. Las ventas, de esa refinería representan el 50 por ciento de las ventas en nuestro mercado.

No es poco, pues, lo que está en juego. Quienes ponen sus negocios, sus intereses políticos y sus fobias ideológicas antes que razones nacionales de peso, atentan contra los intereses generales.

El prejuicio contra las empresas estatales en el decisivo sector de los hidrocarburos finge olvidar que todos nuestros vecinos -Brasil, Colombia, Ecuador y Chile- tienen petroleras estatales, que incluso actúan en el Perú. Brasil posee en Petrobras un gigante próspero, de alto nivel tecnológico e incesante desarrollo.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com