¡Rafael Rey es la muerte!

Un soldado muerto y cuatro heridos son el saldo más reciente de la incapacidad con que se maneja el problema del terrorismo narco en el valle de los ríos Apurímac y Ene (VRAE).

| 07 noviembre 2009 12:11 AM | Columna del Director | 448 Lecturas
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Ese resultado proviene en buena parte de una incomprensión del carácter de la fuerza armada que allí actúa. Esto se agrava por el hecho de que tenemos un ministro de Defensa que piensa más en la píldora del día siguiente y en contratar asesores israelíes que a la vez son espías de Chile.

El otro día, nuestro diario publicó, con peligrosa ingenuidad, unas declaraciones de Shmuel Bashan, experto israelí en contrainsurgencia que recomendaba diálogo con Sendero Luminoso. El señor ese no sabe que, por lo menos en el VRAE, los remanentes senderistas no tienen el menor interés en dialogar: lo que quieren es vía libre para el narcotráfico.

¿Qué se va a negociar con esos criminales?

Las huestes de Víctor Quispe Palomino (camarada José) sólo entienden un lenguaje, el de las balas; no los impulsa un ideal, salvo el del negocio más sucio del mundo. Ellos mismos han declarado que no tienen nada que ver con Abimael Guzmán, a quien califican de “terrorista, escisionista y revisionista”, y piden que les sea entregado para fusilarlo.

“José” arguye que sus fuerzas dirigen y desarrollan “la guerra popular de resistencia nacional antiimperialista yanqui, donde el Comando Sur y la CIA, junto a las fuerzas armadas y las fuerzas policiales del Perú han puesto en marcha el Plan Excelencia 777”. Es un taparrabos ideológico para encubrir que su lucha tiene sólo un fin y un solo territorio: el de la droga.

Claro está que el sector de Quispe dispone de cuantioso arsenal e incalculables fondos. No disimula su papel de fuerza de choque de los narcos. Ningún señor Bashan, por más experto israelí que sea, lo va a convencer para que tome asiento en torno a una mesa de diálogo.

Otro segmento armado de los remanentes senderistas actúa en el Huallaga y se muestra más afín a Abimael Guzmán. Su dirigente es José Flores León (“Artemio”). Pero también esa fuerza está coludida con los traficantes de drogas. Difícil será que acepte abandonar el narcotráfico en una región en la que éste no tiene alternativas, por culpa de sucesivos gobiernos y por el desinterés real de acabar con el tráfico.

En el fondo, el único sector “dialogable” es el de los acuerdistas de Guzmán, desperdigados organizativamente y que sólo tienen una meta: la amnistía para su jefe, al que quieren presentar como un idealista inofensivo, como si no tuviera una deuda grave de matanzas y destrucción.

Para mejorar la situación sólo cabe cambiar de estrategia y de ministro, intensificar la lucha contra el narcotráfico y emprender programas sociales de largo alcance, incluido la construcción de carreteras.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com