¡Qué vergüenza, don Miguel!

Le escribo, Almirante Miguel Grau, desde un diario que tiene su sede en el jirón Enrique Palacios de Miraflores, un jirón que honra al teniente segundo Enrique Palacios, quien recogió la bandera nacional, que había caído de resultas del combate de Angamos, después de que Ud. quedó hecho pedazos por obra de una granada lanzada contra su torre de mando; después de que habían muerto también su sucesor en el comando, el capitán de fragata Elías Aguirre, y el teniente primero José Melitón Rodríguez.

Por Diario La Primera | 08 oct 2008 |    

Le escribo, Caballero de los Mares, mientras marchas masivas del pueblo repletan calles y plazas, y un político llamado Jorge del Castillo califica de malos peruanos a quienes protestan por los precios caros, la negación de derechos, la corrupción.

Ahora resulta, señor Almirante, que el mal peruano es él. Está embarrado, como el prochileno Presidente Alan García, en negocios turbios.

García, don Miguel, se lleva la parte de León.

Qué diferencia con la actitud de Ud. como niño trabajador, marino mercante límpido, guerrero valiente y generoso, hombre que vivió y murió en honrosa modestia material.

En la banda que nos gobierna, Almirante, hay un marino que probablemente nunca leyó la biografía de Ud. y por eso nunca sintió la emoción de patria y de nobleza que Ud. transmite. Fue capaz, con su aliado García, de ordenar una cobarde matanza de hombres presos en una isla.

Cómo no sentirse emocionados -¡qué más da, emocionados, emocionados!- al leer lo que Jorge Basadre en su Historia de la República del Perú escribió sobre Ud. Por ejemplo:

“Contra las duras exigencias de la guerra y contra las recias pasiones del momento, envió con una carta admirable a doña Carmela Carvajal de Prat las reliquias dejadas por su esposo, contendor suyo; salvó a los chilenos náufragos del Esmeralda y perdonó al Matías Cousiño; evitó la destrucción de las poblaciones inermes. Sobre la sangre puso luz. Se hizo grandemente temible sin cometer un solo acto ilegal o cruel. Sus victorias resultaron buenas acciones”.

La vida de Ud., Almirante, debería ser conocida por los niños y los jóvenes en las páginas de Basadre y de Manuel González Prada, y en el discurso que Raúl Porras Barrenechea pronunciara en el Congreso.

En medio de los escándalos cotidianos por corrupción, por enjuagues y amarres parlamentarios, por descaro en la defensa de los poderosos, mientras se insulta a los obreros, a los campesinos, a los médicos, a los maestros, Ud., a los 129 años de su heroico sacrificio, puede hacernos sentir, que no todo está podrido en el Perú.

Su ejemplo, su vida, su modestia siguen siendo el escudo del Perú. El asco que experimentamos ante los figurones de hoy se sosiega al recordar que hemos tenido hombres como Ud., Caballero así en la paz como en la guerra.


    César Lévano

    César Lévano

    Razón Social

    cesar.levano@diariolaprimeraperu.com