¡Que se vayan!

Periodistas de dos diarios y una televisora de Lima se encontraron con el grupo de terroristas que había secuestrado a 36 trabajadores. En esos precisos momentos, 1.500 miembros de la fuerza pública se desplegaban en la región y no ubicaban a los asesinos.

| 19 abril 2012 12:04 AM | Columna del Director | 2.8k Lecturas
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El número de muertos y heridos del Ejército y la Policía sigue creciendo entretanto, y los victimarios se jactan de que han asesinado a los dos policías que las autoridades dan por desaparecidos.

Esta hecatombe, así como el hecho de que los narcoterroristas permanecieron cinco horas en el pueblo de Kepashiato, junto con los 36 secuestrados, sin que nadie los molestara, revela un fracaso rotundo de los operativos oficiales. Gustavo Gorriti ha relatado en CARETAS cómo los secuestradores estuvieron en Kepashiato desde las tres de la madrugada hasta las ocho de la mañana del lunes 9. Ningún servicio de inteligencia se percató de esa presencia.

La resultante es un fracaso, con muertos y heridos y con un cerco más imaginario que real.

Un aspecto rotundo del fracaso es la carencia de un sistema de inteligencia eficaz. ¿Cómo es posible que unos periodistas, sin más guía que el azar, ubiquen a los terroristas mientras que la fuerza pública los busca a ciegas? ¿Cómo pueden explicar las autoridades que aquellos ocupen un pueblo durante cinco horas, sin que ningún aparato de inteligencia se entere?

Hay más de una falla en todo esto. Por ejemplo, resulta insólito que el helicóptero en que fuera abaleada la mayor de la Policía Nancy Flores Páucar marchara solo. En acciones como esta, lo normal es que un helicóptero sea escoltado por otros dos. Hemos recordado antes las quejas antiguas de aviadores de la Marina respecto al frágil blindaje de los helicópteros que en la selva ellos piloteaban.

En más de un aspecto, las fallas son una herencia del pasado, sobre todo del régimen de Alan García, que desactivó servicios y puestos vitales en la lucha contra el narcotráfico y su rama exsenderista.

Ayer, los ministros de Defensa, Alberto Otárola, y del Interior, Daniel Lozada, acudieron al Congreso para exponer la política de sus carteras a la luz de lo acontecido en estos días. La sesión ha sido reservada. Hasta el momento que escribimos, ignoramos lo allí ocurrido.

Fuera del Congreso hay un veredicto de la opinión pública: los ministros de Defensa y del Interior han demostrado ineptitud, una ineptitud que cuesta vidas y que estimula acciones de violencia del grupo semianalfabeto que dirigen los hermanos Quispe en el valle de los ríos Apurímac y Ene.

Nada explicaría que los organizadores de derrotas continuaran en sus puestos.

El presidente del Consejo de Ministros, Óscar Valdés, comparte responsabilidad con el fiasco, por lo que hace y lo que dice en relación con esta crisis de la seguridad nacional.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com