Puntapié a la Luna

En materia de corrupción, el presidente García revela dolor de corazón, pero no propósito de enmienda. La prueba es que insiste en nombrar apristas para cargos que manejan mucho dinero.

| 19 abril 2008 12:04 AM | Columna del Director | 466 Lecturas
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¿Por qué será?

Ayer expusimos el caso del presidente del Fondo Nacional de Financiamiento de la Actividad Empresarial del Estado (Fonafe). Un error de digitación le cambió de nombre. No es Marín Sifuentes; es Martín Sifuentes. Se trata del hombre de confianza de Omar Quesada, dirigente aprista que es una suerte de amanuense de García.

En el repertorio de empresas que maneja Sifuentes omitimos, además, mencionar que –aparte del Banco de Materiales, el Banco de la Nación, PetroPerú, ElectroPerú, Banco Agrario, Sedapal y Empresa Nacional de Puertos– tiene a su cargo el Programa Especial de Titulación Rural, organismo que ha hecho millonarios a quienes se apoderan de terrenos supuestamente eriazos.

La bellísima playa Lobos, de Cañete, donde tienen casas de verano tantos fujimoristas, o la propia Asia (Eshia, como dicen los gringos criollos) indican a quiénes beneficia ese Programa Especial.

Por algo será que el presidente García ordenó que el Programa Especial, que era parte del ministerio de Agricultura, pase a Fonafe.

La colocación de apristas en el Banco de Materiales es parte del programa de copamiento de puestos públicos por el Apra. No es casual que los principales estafadores sean dirigentes de ese partido: Víctor Raúl Espinoza, secretario de organización en La Victoria; José Romero Vílchez, subsecretario general del Comité del Callao, y Mayta Cápac Alatrista, regidor del Concejo Metropolitano de Lima en representación del partido cuyo jefe es García.

Ahora bien, el hombre que maneja a los delincuentes del Banco de Materiales es Sifuentes. A él debería consagrar un puntapié el personaje que nos gobierna. Pero eso sería un autogolpe en el trasero, un imposible físico.

García tiene que ocultar los crímenes de quienes él ha colocado en los puestos más altos del Estado.

El 8 de febrero del 2006, durante su campaña electoral, García declaró: “Habrá tolerancia cero a la corrupción. Lo garantizo personalmente porque ahí va mi historia y lo que el Perú recuerda de mí”.

¡Precisamente, lo que el país recordaba era el alto grado de corrupción que reinó en el primer gobierno de García! Su garantía era un recurso verbal, que los hechos habían ya desmentido, y que ahora resulta más mentirosa aún. El presidente tiene entre sus favoritos una gavilla de incapaces y corruptos. Pregúntenle, si no, a Agustín Mantilla.

Si García fuera consecuente con su amenaza de sacar a patadas a los corruptos, tendría que golpear a sus amigos allí donde la espalda pierde su nombre. Lo más grave: él mismo tendría que padecer el castigo.

A buen entendedor, con pocas patadas basta.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com