Promesas incumplidas

El último tramo del aumento en el salario mínimo fue anunciado para comienzos de este año. No se cumplió. Algunos optimistas creyeron que salía para este Primero de Mayo. Manan.

| 04 mayo 2012 12:05 AM | Columna del Director | 2.3k Lecturas
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Ahora se cree que se dictará este mes, o en junio.

Entretanto, los precios de los artículos de primera necesidad suben en ascensor veloz. Uno de estos días voy a publicar la información precisa de lo que un obrero de Lima podía comprar con su salario diario a comienzos del siglo XX, y lo que ahora logra.

En estos días se han divulgado cifras sobre la distribución del ingreso en nuestro país: de cada cien soles que se producen, 15.3 se traducen en impuestos; 21.2 se van en salarios; 63.1 son ganancias del capital. Diez soles constituyen la ganancia de los independientes.

Ese cuadro revela el tamaño de la desigualdad en el Perú. Los millones de asalariados obtienen la tercera parte de lo que captan los capitalistas.

Ese solo índice debería obligar a un aumento general de salarios, no sólo del mínimo. Los aumentos no tendrían por qué ser dictados desde arriba, sino establecidos por la negociación entre empresarios y trabajadores. Pero… pero, como se sabe, muchos empresarios le hacen ascos a la sola palabra sindicato. Muchos de ellos tienen un arma contundente: el despido. Esto no ha cambiado con el régimen actual.

Más de un economista ha señalado, sin embargo, que una mejora salarial se traduciría en ampliación del mercado interno. En tiempos de crisis global como la que avanza, fortalecer el mercado nacional es una medida de elemental prudencia.

Hace años, en la década de los 80, Michel Camdessus, presidente del Fondo Monetario Internacional, vino por primera vez al Perú. Gobernaba Fernando Belaunde Terry (1980-1985). En una concurrida recepción, pregunté a monsieur Camdessus qué opinaba sobre el nivel tributario de nuestro país. “¡Es muy bajo!”, respondió. Sigue siendo muy bajo. Lo peor: gran parte la pagamos todos; una parte menor la pagan los empresarios a través de impuestos directos.

Todo esto explica por qué cunden la desilusión y el descontento en todo el país.

Eso ilumina a la vez el carácter que adquirió acá este Primero de Mayo. Parto de la recordación de que, desde la época del ahorcamiento de los mártires de Chicago, la conmemoración ha tenido un carácter de lucha y de protesta. Con el correr de la historia, se le ha añadido el factor de balance y programa.

Lucha y protesta han sido el signo de esa efeméride desde fines del siglo XIX en el mundo. Esa fue también la marca de fuego en el Perú, a partir de los obreros anarquistas, de Manuel González Prada, de José Carlos Mariátegui. Una de sus banderas ostenta el lema: OCHO HORAS. La historia quiere que esa siga siendo, en pleno siglo XXI, una consigna de lucha, un grito de protesta, un programa de acción.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com