Prólogo para mi libro

El siguiente es el texto introductorio que escribí para mi libro Diálogos desde la historia. Entrevistas en el fondo oculto de dos siglos que hoy se presenta en la Municipalidad de Miraflores a las 7:00 p.m., en el marco de la Feria del Libro.

| 30 octubre 2012 12:10 AM | Columna del Director | 1.3k Lecturas
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Reúno en este libro una selección de entrevistas que he realizado a lo largo de décadas. Algunas tan remotas, que las había olvidado. Alumnos y amigos me ayudaron a recordarlas en una generosa operación rescate.

La sostenida con doña Anna, la viuda de José Carlos Mariátegui, por ejemplo, fue redescubierta por Carlos Bracamonte, exalumno mío en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. La que realicé con Zenobio Dagha, el genial maestro de la música huanca, la había yo olvidado, hasta que la devolvieran a mi memoria unos jóvenes escritores de Huancayo, que la querían publicar en su revista Crónica, que la acogió. La conversación, tan rica en historia, con Esteban Pavletich, el peruano que a los 20 años de edad combatió en las filas de Sandino, se había perdido en mi memoria, hasta que un cronista e historiador canadiense me pidió que la reubicara. Por eso la busqué y la encontré.

La entrevista grabada con Víctor Raúl Haya de la Torre tiene su historia. César Hildebrandt, muy joven entonces, la había gestionado, y, al obtenerla, decidió que la realizáramos al alimón. Durante una semana preparamos un minucioso cuestionario, con réplicas para cada posible respuesta, lo que en la jerga periodística llamamos repreguntas. Al acudir a la cita, en Villa Mercedes, la morada del fundador del Apra, nos dimos con una sorpresa. Apenas vio la grabadora, Haya nos conminó: “Si hay grabación, no hay entrevista”.

Todo nuestro ajedrez se desplomaba. Acudí entonces a preguntarle sobre sus relaciones de adolescente con los obreros anarquistas de Trujillo y su amistad con César Vallejo. Entonces soltó la clave de los versos del poema XXXII de Trilce:

“Serpentínica u del bizcochero enjirafada al tímpano”.

Nos preguntó si entendíamos lo que eso quería decir. Le dijimos que para nosotros era un enigma.

“Muy sencillo”, nos explicó. “A la una de la tarde, estábamos reunidos varios compañeros de estudio en el cuarto de hotel de Vallejo. A esa hora, pasaba un bizcochero pregonando: “Bizcocheruu”. ¿Se dan cuenta? La u del pregón como una serpentina que, cual cuello de jirafa, llega hasta el tímpano”.

Ahí lo trabajé al sentimiento:

“Señor Haya: ¿no le daría pena que estos recuerdos se pierdan para las futuras generaciones?”.

Su respuesta fue tajante, casi castrense:

“¡Enciendan su grabadora!”.

Como verá quien leyere la entrevista, ésta fue incisiva, peleona, pero no agresiva. La entrevista, toda entrevista, debe ser un viaje al fondo de un personaje, de una época. Esa ambición tienen las que he realizado en el corazón de dos siglos, incluido el que Eric Hobsbawm llamó “el más extraordinario y terrible de la historia humana”.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com

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