Profecías incumplidas

El poeta Alejandro Romualdo Valle, que era también excepcional caricaturista, dibujó para la revista Pan al presidente Manuel Prado (segundo período) con traje de bailarín del género flamenco. De leyenda puso: “¡Qué chaval tan resalao!”.

Por Diario La Primera | 10 jul 2009 |    

El primer mandatario tenía fama de “salado”.

Algo parecido ocurre con Alan García. Allá por 2007 afirmó que el Perú estaba a punto de ingresar al primer mundo. Casi enseguida el primer mundo se vino abajo.

Sin embargo, con sano (o, más bien, enfermo) optimismo, García garantizó que el Perú, gracias a su sabia conducción, estaba blindado contra la crisis. La realidad, con injusto irrespeto, lo desmintió.

Imperturbable, dijo García que de todas maneras íbamos a crecer siete por ciento este año. Ahora, hasta el ministro de Economía, Luis Carranza, calcula que sólo creceremos tres por ciento. Los economistas independientes vaticinan, en cambio, uno o cero por ciento.

El economista Elmer Cuba, de Macroconsult, precisa que en el primer semestre de este año han caído las ventas de textiles, agroindustriales, transporte y minería. Es decir, todo el aparato productivo de este país que estaba con un pie en el primer mundo.

Pero nuestro incurable profeta no se desanima. Hace unos días, el sábado 4 de julio, aseguró que el Perú es un país tan afortunado que el virus AH1N1, causante de la llamada gripe porcina, no nos va a afectar. El mismo día había fallecido la primera víctima del mal. Esa muerte había sido cuidadosamente olvidada por el Ministerio de Salud.

Ahora, la pandemia nos golpea, sin consideración por la profecía del primer mandatario. La cosa es tan grave que éste ha anunciado el adelanto de las vacaciones escolares, la anulación del desfile anual de escolares, aunque nos levantó el ánimo al anunciar que el Perú “está a tiempo de contener el contagio”.

Ahora da ganas de creerle, aunque lanzando un suspiro y agregando un enérgico “¡ojalá!”.

Los griegos antiguos forjaron el mito de Casandra, hija de Hécuba y Príamo, reyes de Troya. Apolo había dado a Casandra el don de la adivinación, pero cuando ella desdeñó sus requerimientos amorosos, el dios la maldijo y la condenó a que nadie creyera en sus profecías. Cuando Casandra vaticinó la destrucción de Troya, el pronóstico era acertado, pero nadie le creyó.

Ahora no hay Apolo que conceda facultades adivinatorias. La mejor prueba es el presidente García. No es una Casandra que adivine y no es creída. García no adivina, inventa.

Nuestra Casandra cree que basta con su optimismo para cambiar la realidad. Pero ésta es terca y, además, mundial. Es una lástima que ningún dios pueda advertirle a García que para enfrentar la pandemia no se requieren frases, sino prevención, salas de aislamiento, reactivos y remedios, bienes escasos en el país de las maravillas.


    César Lévano

    César Lévano

    Razón Social

    cesar.levano@diariolaprimeraperu.com