Porras, historiador histórico

Ayer se han cumplido 48 años de la muerte de Raúl Porras Barrenechea, el gran historiador y humanista, el artista de la prosa, el extraordinario alumno y maestro de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, el diplomático que se quemó las pestañas para defender los derechos territoriales del Perú y se enfrentó al imperio yanqui en defensa de la Cuba revolucionaria.

Por Diario La Primera | 27 set 2008 |    

Esto último ocurrió cuando los jóvenes rebeldes cubanos acababan de expulsar al sanguinario dictador Fulgencio Batista. Porras era ministro de Relaciones Exteriores, y el Perú había tomado la iniciativa de convocar una Reunión de cancilleres americanos, para examinar el naciente conflicto entre Washington y La Habana.

Porras estaba muy enfermo, al borde de la muerte, y muchos creían que no podría asistir a esa cita, que se reunió en Costa Rica el 23 de agosto de 1960. Pero acudió. Y rechazó la expulsión de Cuba de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Porras advirtió no sólo lo injusto que sería condenar a un régimen que había implantado la libertad e iniciado un programa de reformas radicales en la isla de José MartÑ Vislumbró que apartar a Cuba del sistema continental la obligaría a buscar alianzas fuera de América.

El discurso de Porras es pieza de trascendencia y belleza inolvidables.

Tras erudito recorrido por la historia diplomática del Perú como abanderado de la unidad continental, dijo el maestro:

“Cuba ha afirmado, por la voz de su Ministro de Relaciones Exteriores, que quiere ajustarse a normas de derecho internacional y no a posiciones de fuerza, pero que rechaza cualquier intento de intervención en sus asuntos internos y las agresiones económicas”.

Más adelante expresó:

“Reiteramos lo que hemos dicho otra vez. Vivimos según el humanista europeo en tiempos difíciles en que no se puede hablar ni callar sin peligro. América Latina vive las circunstancias dramáticas del subdesarrollo económico. Los trabajadores de América Latina moran en condiciones infrahumanas y reciben salarios seis veces inferiores a los de los grandes países industrializados. La economía y el bienestar de nuestros pueblos dependen del egoísmo y del monopolio de los grandes consorcios y monopolios mundiales y deberían enfrentarse por una vasta política de promoción y desarrollo y no resolverse con una simple mentalidad bancaria. Hemos formulado reiteradamente nuestra demanda de ayuda financiera y de asistencia técnica, de crédito y de libre comercio pero no de dádivas”.

¡Cuánto hubiera ganado América, nuestra América, si se hubiera escuchado el alerta del maestro y no el sí servil de cancilleres domesticados!


    César Lévano

    César Lévano

    Razón Social

    cesar.levano@diariolaprimeraperu.com