Piñera se desborda

Sebastián Piñera, Presidente de Chile, anunció ayer que Chile defenderá lo que él llama la “soberanía marítima” y que implica, simplemente, despojar de mar al sur peruano. El tono amenazante del mensaje presidencial puede encerrar pesimismo chileno respecto a la sentencia de la Corte Internacional de La Haya. Puede esbozar también la decisión de no cumplir ese fallo en caso de que favorezca los probados derechos del Perú.

| 07 diciembre 2012 12:12 AM | Columna del Director | 914 Lecturas
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En la exposición oral del agente de Chile Alberto van Klaveren salió a relucir el esfuerzo denodado pero inútil de convertir en tratado de límites lo que es un convenio pesquero firmado por tres países –Perú, Chile y Ecuador– para enfrentar depredación pesquera y problemas derivados de una tecnología hoy superada. Es una Declaración Tripartita, que ni en su texto ni en sus consecuencias puede ser transformada en Tratado bipartito.

Aun en el supuesto de que el término de Tratado fuera aplicado a ese documento, eso no le daría carácter de Tratado de Límites entre el Perú y Chile.

Los convenios tripartitos de 1952 y 1954 esgrimieron en su texto el derecho de los tres países a 200 millas de mar a partir de la orilla de las costas respectivas.

Si la tesis de Chile fuera razonable, tendría que respetar para el sur del Perú el derecho a las 200 millas de mar, porque eso es lo que establecen los convenios de 1952 y 1954.

Ocurre, sin embargo, que el alegato de Chile busca consagrar la enormidad monstruosa de que su “soberanía nacional” abarca la invasión y el apoderamiento de una enorme extensión marítima. Chile defiende un “Tratado” que viola.

Chile asevera que ese despojo ha sido admitido y consentido por el Perú. No es exacto. En los últimos días se ha recordado que el embajador peruano Juan Bákula, a quien entrevisté repetidas veces para Caretas sobre este y otros temas de política exterior, planteó en 1986 –hace un cuarto de siglo– al canciller de Chile la necesidad de fijar límites marítimos entre el Perú y Chile. El ministro ofreció examinar el problema, pero luego la diplomacia de Santiago le dio largas al asunto.

En Caretas 1750, Bákula relató la historia:
“La cosa es muy simple. Para establecer un sistema que impidiera incidentes, así lo dice textualmente el acuerdo de 1954, vamos a fijar un corredor destinado a que “las embarcaciones pesqueras de pequeño porte, cuyos tripulantes carecen de conocimientos de náutica” se desplacen más allá de las jurisdicciones. Este corredor de 24 millas de ancho va a tener como referencia el paralelo que llega a la costa. Estamos hablando de 1954, cuando no existían ni asomos de la Convención del Mar. Era una fórmula tentativa y con finalidad específica y concreta: Evitar incidentes. Un espacio de “aguas de nadie”, en cierta forma. No quiere decir que eso sea el límite marítimo”.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com

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