¿Pero qué les pasa?

Los funcionarios del Ministerio de Salud son, según el ministro Hernán Garrido Lecca, unos “infelices”. La ex candidata presidencial Lourdes Flores es, expresa Armando Villanueva, “una gorda que anda por allí diciendo que hay un gobernante de los ricos”.

Por Diario La Primera | 24 set 2008 |    

Alan García sostiene que los médicos no deben exigir la destitución de Garrido Lecca “porque no se debe desacreditar a nadie”. ¡Como si éste no se hubiera convertido en una ametralladora de agravios contra los galenos!

Apunte al margen: en el Perú hay una decadencia en el arte del insulto. Estamos lejos de los días en que un José Gálvez, el poeta y político, podía decir: “dejemos a otros el triste privilegio de violar las leyes”. Faltan el humor punzante, la sutil reticencia. Francisco Umbral recuerda en su Diccionario de Literatura que Cervantes pone a cagar a sus personajes y luego dice “aquí huele, y no a ámbar precisamente”.

Al presidente García le molesta que los médicos planteen reclamos que no son más que una reiteración de acuerdos suscritos por el ministro de Salud.

García, que no cobra impuestos a algunas de las mineras más poderosas del país, dice que no se pueden atender las mínimas demandas económicas de los médicos, porque en ese caso se abandonarían programas en favor de los pobres.

¡Pero si el gasto en salud es un beneficio directo para los pobres! El dilema entre obra pública e inversión en salud es un sofisma.

El lunes último, en la reaparición del programa Pulso de Canal 5, el congresista Carlos Bruce, que fue ministro de Vivienda bajo Alejandro Toledo, le recordó al panelista César Campos, aprista convicto y confeso, que el régimen alanista no ha creado ni un solo programa social nuevo. Ni uno solo. Lo que ha hecho es reunir a todos en un solo sistema.

García, que tanto defiende a los grandes mineros, hasta parecer su abogado de oficio, no es, pues, que se preocupe mucho por los pobres.

Hay en García, y en los dirigentes apristas en general, una inclinación por la palabra sonora y hueca, mil veces repetida. Es la retórica de Haya de la Torre convertida en catecismo de paporreta.

Una de las causas del bajón de popularidad de García está en ese estilo. No es sólo que la gente condene los precios altos de los alimentos. La palabrería aprista es la cansadora forma para encubrir ese fondo. Fondo y forma se conjugan. En este caso, el estilo es el hambre.

Como ya no tienen argumentos serios, ideas nuevas, capacidad para encarar la realidad cambiante del país y del mundo, la derecha realmente existente –el Apra– recurre al insulto, a la calumnia, a la promesa vana.

Una antología de las diatribas de los actuales gobernantes podría exhibir su entraña reaccionaria y demagógica.

Una reflexión: los gobernantes que más insultan hoy son los más corruptos. No huelen a ámbar.


    César Lévano

    César Lévano

    Razón Social

    cesar.levano@diariolaprimeraperu.com