Permiso para huir

Hay muchos mitos y misterios sobre los ataques terroristas del 11 de setiembre en Nueva York y Washington. También hay inquietantes verdades. Una de éstas es el hecho de que veinte miembros de la familia de Osama Bin Laden recibieron esa misma mañana –apenas producidos los ataques que se iniciaron a las 8.46 locales– permiso para fugar de Estados Unidos rumbo a Arabia Saudí. Eso está probado por las declaraciones de Dale Watson, antiguo responsable de antiterrorismo del FBI, formuladas a la revista Vanity Fair en octubre de 2003.

| 12 setiembre 2011 12:09 AM | Columna del Director | 2.4k Lecturas
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Amy Goodman, la periodista de investigación estadounidense, recuerda en su libro En la cama con el enemigo (Ediciones Temas de hoy, Madrid 2004), que esa mañana, después de los ataques, en Estados Unidos se prohibieron todos los vuelos. Con una excepción: altos funcionarios del gobierno de George W. Bush autorizaron vuelos para embarcar a 140 saudíes, compatriotas de Bin Laden, de diez ciudades distintas. Entre ellos los familiares del jefe terrorista. Todos escaparon de Estados Unidos.

Algo más señala Amy Goodman. Mientras los estadounidenses se estremecían por el espanto y el miedo suscitados por la agresión terrorista, en el hotel Ritz-Carlton de Nueva York el Grupo de financistas Carlyle celebraba –esa misma mañana del 11 de setiembre de 2001– su reunión anual, con la presencia del presidente Bush, asesor senior del Grupo. También estaba Shafiq Bin Laden, hermano del terrorista. Ocurre que este Bin Laden era antiguo benefactor del clan Bush.

Más allá de cualquier complot conjetural, lo cierto es que los Bush prosperaban desde hacía años gracias a negocios petroleros con Arabia Saudí, un Estado cuya dictadura encarcela, tortura y mata opositores sin que el gobierno de Washington o la “prensa libre” se tome la molestia de inquietarse.

Nada de esto debiera sorprendernos. Los Bush son gente ultraderechista, cuyo compromiso con la democracia huele a petróleo.

Debemos tener presente que Prescott Bush, padre de George Bush y abuelo de George W. Bush, fue sancionado por el gobierno de Estados Unidos porque una compañía petrolera de Texas, de la cual era socio, violó la Trading with Enemy Act (Ley sobre comercio con el enemigo). Dicha empresa había vendido, durante la segunda guerra mundial, voluminosa cantidad de combustible a la Luftwaffe (Fuerza Aérea) alemana, que estaba destruyendo vidas y ciudades en Europa.

Vasto prontuario tienen los Bush. Sabido es que grandes empresas alemanas financiaron y alentaron a Adolfo Hitler. No solo ellas. Webster Tapley y Anton Chaitkin, autores de George Bush: The Unautharized Biography, escribieron que los nazis podrían haber sido “pagados, armados y adiestrados por las camarillas de Nueva York y de Londres, uno de cuyos ejecutivos era Prescott Bush”.

De raza le viene al galgo.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com