Otra economía posible

Comenté y glosé ayer el pavoroso panorama de la desigualdad de ingresos en el mundo presentado por The Economist. Debo presentar ahora la propuesta que esa revista publica en esa misma edición para mitigar y corregir abusos del sistema.

| 12 noviembre 2012 12:11 AM | Columna del Director | 1.2k Lecturas
1258

La idea viene en la columna editorial. Toma como punto de partida lo que ocurrió a fines del siglo XIX, cuando la primera globalización y un aluvión de nuevos inventos transformó la economía mundial. Pero esa Gilded Age (Edad Dorada) fue también, recuerda el texto, una de famosa desigualdad, con los barones rateros de Estados Unidos y las clases altas de Europa que amasaban enormes fortunas: el concepto de “consumo conspicuo” data de 1899.

La brecha entre ricos y pobres (y el temor de una revolución socialista) desató una ola de reformas. Francia, señalemos, había vivido la experiencia dramática de la Comuna de París, donde los proletarios se lanzaron “al asalto del cielo”. Esa epopeya revolucionaria, que terminó con el fusilamiento de miles de communards, condujo a una remoción en la doctrina social de la Iglesia Católica. Otto von Bismarck, el canciller de hierro de Alemania, se vio obligado a introducir el seguro social (plagiándolo del programa socialista) en vista de que los votos del partido marxista crecían torrencialmente.

Theodore Roosevelt decidió fraccionar los monopolios estadounidenses. El premier británico Lloyd George introdujo el presupuesto del pueblo. Los gobiernos promovieron la competencia, introdujeron los impuestos progresivos y crearon las primeras redes de seguridad social.

“La política moderna”, considera The Economist, “necesita una reinvención similar para mitigar la desigualdad sin afectar el crecimiento económico.”

La columna propone como medida prioritaria “un ataque rooseveltiano” a los monopolios e intereses creados, sea en empresas estatales de China o grandes bancos en Wall Street. El semanario fustiga la compadrería en el manejo de las empresas chinas. El Congreso del PC chino acaba de señalar la corrupción como una lacra que corroe a la sociedad y al partido.

A los gobernantes peruanos –de Alberto Fujimori y Alan García para acá– debe saberles a chicharrón de sebo la necesidad señalada por The Economist de introducir una mayor transparencia en los contratos del gobierno. “No es coincidencia que el hombre más rico del mundo, Carlos Slim, basara su fortuna en las telecomunicaciones de México, una industria en que las presiones competitivas eran bajas y los precios subían hasta el cielo”, expresa The Economist.

La columna considera de urgencia el gasto gubernamental en los pobres y los jóvenes. Sin duda que en su carpeta de preocupaciones está la tacañería de muchos países del tercer mundo respecto a las universidades públicas.

The Economist aparece así como extremista de centro.


¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.


...

César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com