No trabajan, pero matan

Bajo el título de “Capturan peligrosas bandas en Pisco”, El Comercio informó el domingo 28 de la prisión de “nueve avezados delincuentes que formaban parte de dos peligrosos clanes familiares” que “mantenían atemorizada a la población pisqueña debido a sus constantes disputas por el cobro de cupos de construcción”. (Sección El País, página seis).

| 30 agosto 2011 12:08 AM | Columna del Director | 2.4k Lecturas
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El diario indicaba, además, que esos malhechores “cargan en su prontuario siete asesinatos cometidos en los dos últimos años, así como diversos atracos”.

El texto confirma las constantes denuncias de la Federación de Trabajadores en Construcción Civil, denuncias que durante el gobierno de Alan García no encontraron acogida, sin duda porque las bandas delictivas y asesinas habían sido estimuladas por el propio presidente de la República en una reunión de trabajo en Palacio.

Ojalá que la captura efectuada en Pisco no sea un hecho fortuito y aislado. Y que los delincuentes apresados no resulten liberados por el Poder Judicial, como sucedía en la época de García.

Hace poco, la Federación de Construcción Civil advertía respecto a los sujetos que ejercen la violencia y la extorsión en su sector:

“Estos elementos son conocidos delincuentes prontuariados provistos de armas de guerra, que reclutan a gente de los bajos fondos, con los cuales atacan a las obras que recién se inician, exigiendo cupos para asegurar “paz laboral” equivalente al 2 ó 3 % del valor de la obra y obligar a las empresas a contratar entre 20 ó 30 “chalecos” que reciben un salario con boleta de pago como si fueran obreros de construcción civil, sin serlo”.

El régimen aprista contrató delincuentes y renegados con el objeto de destruir la organización sindical a la que pertenecieron Isidoro Gamarra y Pedro Huilca. Con ese mismo afán, creó sindicatos paralelos que eran reconocidos en un santiamén por el Ministerio de Trabajo. No logró sus fines destructivos; pero sí congregó rufianes que, aparte de matar, encarecen el costo de la construcción, dañan al fisco en el caso de obras públicas y retrasan proyectos de vivienda.

Los obreros no están solos en su lucha contra la mafia. La Cámara Peruana de la Construcción (Capeco) también reclamó al régimen anterior que se reprimiera a esos agentes de la violencia, que no son diestros en la plomada del ladrillo o la colocación de las vigas de acero, pero lo son en el manejo de la chaveta y la bala.

Un anuncio de la Federación de Construcción Civil publicado el domingo 21 en LA PRIMERA saludaba la instalación del Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana presidido por el primer mandatario y expresaba su esperanza de que ese Consejo refuerce la labor de la Dirección Especializada de Protección de Obras Civiles, órgano de la Policía Nacional.

La información de El Comercio confirma que esa tarea de higiene social y laboral es urgente, imprescindible.

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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com