No han aprendido nada

La semana pasada se realizó en Arequipa la 47 Conferencia Anual de Ejecutivos (CADE 2009), cuyos acuerdos indican que, como ocurrió con los monarquistas que emigraron ante el embate de la Revolución Francesa, los magnates del Perú no han aprendido nada, ni han olvidado nada.

| 23 noviembre 2009 12:11 AM | Columna del Director | 395 Lecturas
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En encuesta de Apoyo entre los asistentes a la CADE, el 96% consideró que el Perú está progresando. Esto es diametralmente opuesto a lo que piensan los encuestados comunes y corrientes en el sondeo más reciente de la Universidad Católica: el 64% desaprueba la política económica, señal de que no ve señas de progreso.

Parecido abismo se abre respecto a la crisis económica. El 66.8% de los empresarios cree que la crisis ya pasó. Pero en la encuesta de la Católica, el 68% considera que estamos en plena crisis y un 16% adicional opina que recién va a empezar.

Líderes en este CADE han sido Mario Brescia, cuya fortuna en gran parte proviene del sector inmobiliario; Dionisio Romero, capitán de un grupo que tiene por eje el Banco de Crédito y la importación de productos alimentarios, así como la distribución de rubros agrarios y pesqueros; y Alberto Benavides, de minas Buenaventura, cuyos dirigentes consideran los impuestos casi como un insulto personal.

Pero hay que poner en la balanza algunas ideas con que Dionisio Romero y Mario Brescia quebraron la melodía complaciente de la cita. Sobre todo cuando subrayaron que el Perú no progresará si persisten los altos índices de pobreza y los bajos niveles de la educación, en particular universitaria.

Citaba en mi columna del sábado 21 la conclusión a que habían llegado en el 2001 en su libro The Washington Contentious (= El contencioso de Washington), Nancy Birdsall, de la Fundación Carnegie, y Augusto de la Torre, ex presidente del Banco Central de Ecuador.

“En este informe”, decían los autores, “sugerimos que el consenso original fue simplemente demasiado estrecho. Vamos más allá del Consenso de Washington hacia un nuevo paradigma que explícitamente abarque equidad y reducción de la pobreza como objetivos fundamentales”.

Birdsall y de la Torre anotan que en estudios económicos sobre América Latina existe evidencia acumulada de “que la pobreza y el altamente desigual acceso a la tierra, a la educación y otros bienes son algo más que síntomas del bajo crecimiento –contribuyen directamente al bajo crecimiento–”.

Hubiera sido bueno que alguien recordara que el presupuesto mísero para las universidades públicas fue orden del Banco Mundial.

No sé si Sebastián Edwards (expositor en esta CADE), cuyo texto de Foreign Affairs 1997 cité en mi columna del sábado, aludió esta vez al daño económico que nos causa un Poder Judicial “ineficiente y corrupto”.

Hubiera sido mentar la soga en casa de los ahorcadores.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com