Negreiros toca puerto

Este domingo, en un restaurante, un señor se acercó a mi mesa y me dijo:

-Don César, yo soy aprista, pero no estoy de acuerdo con lo que hace el gobierno.

| 03 noviembre 2009 12:11 AM | Columna del Director | 439 Lecturas
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En diversas ocasiones recientes me han sorprendido declaraciones como ésa. Encarnan una tendencia, más que una corriente. Revelan que el Apra no es –o no es más– ese partido monolítico que quieren ver el oficialismo militante, por una parte, y, por otra, los dogmáticos que lo consideran un partido sin dialéctica interna.

La historia indica, sin embargo, que, incluso en vida de Haya de la Torre, en el Apra se han manifestado discrepancias, matices, cuando no rebeliones. Hoy, en vísperas del centenario de Ciro Alegría, podríamos aludir a las rupturas individuales de escritores como el autor de El mundo es ancho y ajeno.

En los años 50 del siglo pasado compartí prisión con jóvenes civiles y marineros que habían participado en la insurrección aprista del 3 de octubre de 1948. Fue una insurgencia alentada inicialmente por la dirección del Apra, y traicionada después por ésta.

Gran insurrección fue el Apra Rebelde de Luis de la Puente Uceda.

Ahora estamos en un momento dramático del Perú. Se ha instalado aquí un régimen que no sólo ha abajado las banderas que el aprismo naciente enarboló en los años 20 del siglo XX, sino que abandona todo principio de justicia social. No sólo eso. El neoliberalismo fundamentalista de Alan García claudica ante las transnacionales y pone en remate los intereses del país.

Un caso extremo, que amenaza extenderse, es el del puerto de Paita. Este asunto se ha convertido en un escándalo que repercute en el aprismo, como lo vemos por las declaraciones de Luis Negreiros publicadas ayer por LA PRIMERA.

Ya se sabe, y Negreiros lo subraya, desde el primer día la concesión ha significado un alza exorbitante para los usuarios. Pero lo más grave es que el concesionario, sin necesidad de invertir, tiene asegurados ingresos por 16 millones de dólares al año.

Negreiros, fiel a su partido, cree que esos excesos antinacionales son un error. En realidad, son una traición al Perú, a los ciudadanos que sí pagamos impuestos y hasta al Plan de Gobierno esgrimido en la campaña electoral del 2006.

En ese documento se promete: “Modernizar la infraestructura portuaria con participación privada a fin de fortalecer el comercio nacional, regional e internacional satisfaciendo las necesidades de los usuarios, asegurando las prioridades de la seguridad nacional”. Nada de eso van a cumplir los empresarios chilenos del puerto.

Negreiros no se queda en la crítica del contrato de Paita. Pide su revisión. Además, expresa el desasosiego de muchos apristas: “Soy crítico de estos tres años de gobierno”, expresa.

Con esta última frase, Negreiros ha tocado puerto.




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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com