Muerte y transfiguración

Hace 43 años murió José María Arguedas, el narrador, poeta y científico social que sondeó la historia, el drama y el cambio en el Perú andino. Su herencia, lo que ha llamado su mandato, sigue animando estudios, canciones, debates, movimiento social en este país nuestro lastrado por injusticia, desigualdad, racismo. Eso que Jorge Basadre llamó “el abismo social”.

| 02 diciembre 2012 12:12 AM | Columna del Director | 1.2k Lecturas
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Varias tragedias se habían enraizado en el alma de Arguedas. La orfandad, el maltrato infantil, la represión política por su acción antifascista, el infortunio amoroso, la coerción contra los estudiantes, los recurrentes despojos y matanza de campesinos, las desviaciones del movimiento comunista peruano.

La actualidad de Arguedas se ve ilustrada también por los debates que suscita su obra. Elemento central son los trabajos de Mario Vargas Llosa La utopía arcaica, editada por la Universidad de Cambridge, en 1978, y La utopía arcaica. José María Arguedas y las ficciones del indigenismo (1996), refutada esta última, con altura y autoridad, por Alfredo Torero.

El año pasado, la Universidad Católica editó un libro de José Alberto Portugal, profesor arequipeño que enseña en Estados Unidos y que durante lustros se ha consagrado al estudio del escritor andahuailino. El hondo y vasto estudio de Portugal, 463 páginas, no ha recibido la atención que merece. Costumbre de mi país, hermano. Su título es Las novelas de José María Arguedas. Una incursión en lo inarticulado.

Al principio, Portugal me descalifica, atribuyéndome un “tono comisarial”, a mí, pobre solitario de la política y la crítica. No obstante, me otorga un premio: dice que afirmo, “paradójica o perversamente, el reconocimiento del poder de la novela”.

Más adelante, Portugal reconoce que acerté en mi interpretación de la rebelión de colonos en Los ríos profundos. En mi ensayo El contenido antifeudal de la obra de Arguedas, publicado en la revista Tareas del poeta Alejandro Romualdo Valle en 1960, escribí:

“En los pasajes finales de Los ríos profundos, vemos cómo los colonos afrontan las bayonetas de los soldados, cómo llegan desde quince haciendas a tomar el pueblo por asalto. ¿En son de rebeldía? ¡No! Viene a la ciudad en que la peste mata sin piedad, a fin de escuchar misa. Los empuja una fe, una mística”…

“¿Acaso sería forzar demasiado la exégesis si se viera en este episodio una como anticipación de lo que serán capaces los indios cuando adquieran ese grado mínimo de conciencia y esperanza que se requiere para desafiar las balas y para apoderarse de una ciudad?”.

Portugal reconoce, al final, que Arguedas explicó que ese mensaje “es implícito y, de no haber mediado la intervención de un crítico (César Lévano), habría permanecido oculto”. Sostiene, además, que eso reorientó la crítica arguediana –y al propio Arguedas–.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com

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