Moraleja para UVK y Larcomar y tal vez para los científicos sociales

Escribe:
César Lévano Jr.
Columnista Invitado

Las redes informativas han detectado y denunciado recientemente nuevos casos de discriminación racial. Se trata de personas que fueron expulsadas o bloqueadas en el ingreso a dos distinguidos locales miraflorinos -­un cine de la cadena UVK y el centro comercial LARCOMAR- a causa de lo reconociblemente andino de su indumentaria y su fisionomía.

| 11 diciembre 2011 12:12 AM | Columna del Director | 2.6k Lecturas
2659

Quizás sea en estos momentos oportuno recordar un episodio que tuvo lugar hace varios años en la República de Miranda, dados los evidentes puntos de contacto con lo que acaba de ocurrir en Miraflores: Una mujer que, al juzgar por diversos aspectos de su apariencia, provenía de la Costa Pacífica de ese país ­-zona convertida en objeto de una arcaica marginación- fue groseramente rechazada en la puerta del más moderno cine en una gran ciudad. La mujer, movida por una comprensible indignación, compró el cine y despidió a todo el personal involucrado en la ridícula afrenta, desde el gerente hasta el destacamento de vigilancia.

No tardó mucho para que el acontecimiento llegara a ser parte de la “memoria apasionada de Miranda”, según expresión de uno de sus historiadores. Como quiera que la literatura es más exacta que la historia y tiene mayor capacidad de avivar el recuerdo, lo que ocurrió con aquella mujer de la Costa fue novelado, dramatizado, escenificado, filmado. Hubo incluso quien -­valiéndose de la estructura narrativa del personaje secretamente empoderado y de ciertos aspectos compensatorios del Imitatio Christi- aprovechó la materia para convertirla en cuento de hadas.

Ahora bien, el cuento de hadas -como se sabe- se cumple necesariamente. Basta con que se creen las condiciones de acompañamiento. Después de todo, no es demasiado pedir en el siglo XXI un país sin discriminación. Sería, entonces, pertinente repasar en nuestro contexto, lo que una corriente explicativa de aquella nación concluyó del desagradable incidente en el cine. No fue la acumulación de leyes y la repartición de multas lo que propició que la protagonista estuviera en la capacidad de reparar el atropello. Tampoco las peroratas de los especialistas ante las cámaras de video. Fueron ciertas reformas socioeconómicas previamente alcanzadas las que la colocaron ante tal posibilidad. Y fue también asignándose a esa mecánica reformadora, economista, que diversos movimientos poco académicos continuaron exitosamente la tarea de eliminar una discriminación que había estado manifestándose periódicamente a pesar de las leyes y los edictos combatiéndola.

Retomando algunos términos que la Academia mirandesa había proscrito del lenguaje interpretativo, los movilizados de ese país entendieron que la discriminación no sería erradicada sino atacando aquello que la crea y la sustenta, a saber: La dominación.


¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.

En este artículo: | | | |


...

César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com