Memoria memorable

Las conversaciones entre Armando Villanueva y Pablo Macera, ocurridas hace más de 30 años, y recién editadas por el Fondo Editorial del Congreso del Perú, son un verdadero arsenal de biografía e historia y un apasionante deslinde entre la generación que ingresó al Apra en los años 30 y esa otra de la que emergen los Alan García y Jorge del Castillo.

| 04 agosto 2011 12:08 AM | Columna del Director | 2.4k Lecturas
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El libro, Arrogante montonero, contiene, más que la intimidad del personaje que a los 15 años ingresó en el Apra, el balance de 50 años de un partido que fue el más importante de esa época y alcanzó repercusión latinoamericana en países como Venezuela, Chile y la propia Cuba.

Trae el volumen un prólogo de Mirko Lauer, quien, como miembro de la editorial Mosca Azul, había programado el diálogo y su publicación, y otro prólogo, quemante éste, de Raúl Haya de la Torre de La Rosa, sobrino carnal del fundador del Apra.

Valora Raúl Haya la vida de Armando, quien soportó más de veinte años “de persecución, clandestinidad, prisión y exilio”. A la luz de esa experiencia, escribe:

“Apena decirlo, pero una de las primeras sensaciones que causa la lectura de estas conversaciones con Pablo Macera es la tremenda distancia que existe entre el sentido del compromiso político de las primeras generaciones apristas y las actuales. Antes, lejos de dejarse llevar por ambiciones personales, por buscar puestos públicos, diputaciones o senadurías, pensaban y soñaban con la revolución, mientras que ahora esa mística original se ha debilitado y distorsionado y los masivos comportamientos admirables de antes se han trocado en la abundancia de conductas censurables y la ausencia de fraternidad aun entre los propios militantes y dirigentes”.

Villanueva, hijo de familia pudiente, con un padre médico prestigioso, relata cómo le impactó la lectura del primer número de la revista Apra, órgano del recién fundado partido. A partir de ahí empieza una trayectoria de lucha, que se inicia como fundador y líder de la Federación Aprista Juvenil (FAJ).

Son tiempos de pasión y violencia, esta última con matanzas, ordenadas por los regímenes oligárquicos y proimperialistas.

En la página 94 dice Armando:

“Esa juventud que entró al partido en la década de 1930 y que en la Federación Aprista Juvenil tiene su máxima expresión se forjó 100 por ciento en la lucha y para la lucha, sin personalismos, sin egoísmos ni huachafas egolatrías… No pensábamos en diputaciones, senadurías y menos en pelearnos la presidencia. Concebíamos el futuro en forma distinta, creíamos –y yo felizmente lo sigo creyendo– en un auténtico cambio, en una revolución profunda, en un trance que alteraría totalmente la faz de la sociedad peruana. No nos preocupaban las canonjías, lo que sí nos preocupaba era cómo íbamos a defender las conquistas del Estado antiimperialista”.

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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com