Material inflamable

Los tumultuosos sucesos del Cusco y de Huamachuco se colocan en la misma onda sísmica que en días recientes sacudió a la Amazonía.

Por Diario La Primera | 31 ago 2008 |    

Son hechos aislados, con orígenes y fines distintos, sin una dirección en común; pero revelan una extensa onda de descontento.

El oficialismo se equivoca si quiere atribuir esos fenómenos a algún sector de la izquierda peruana o a Hugo Chávez, el presidente de Venezuela. En primer lugar, porque nadie le cree ese cuento fantástico; pero sobre todo porque indica ceguera respecto al papel del Estado.

La lucha del Cusco se desencadenó por el alza de los pasajes y, en general, por el alto costo de vida. Eso explica por qué no sólo los estudiantes, sino también otros sectores del pueblo cusqueño se plegaron a la protesta.

Nada de eso responde a conjura extranjera o izquierdista.

Lo que debiera hacer el oficialismo es, por ejemplo, analizar el fenómeno de las alzas, discriminar los elementos de especulación nacional y foránea que en ellas intervienen y adoptar medidas enérgicas al respecto.

Sobre todo porque los hechos del Cusco se van a generalizar sin duda en los próximos días. La experiencia reciente de la capital imperial demuestra que la agresión policial no puede calmar los ánimos, sino al contrario.

Hace 50 años, en abril de 1958, hubo en el Cusco un levantamiento popular victorioso, originado por el alza de los combustibles y de artículos como el azúcar, arroz y carne. El movimiento fue dirigido por la Federación de Trabajadores del Cusco, cuyo principal dirigente era el obrero textil de origen comunero, Emiliano Huamantica.

José Sotomayor, uno de los protagonistas de esa acción, ha escrito un libro sobre ésta: Cusco 1958. Análisis Testimonial de un movimiento urbano. Es un modelo de análisis político y social marxista, prácticamente ignorado por haber sido impreso en el Cusco. Señalo de pasada cómo, en ese momento, provocadores del Apra y ultraizquierdistas coincidieron en predicar una “captura del poder”, cuando lo que querían en verdad era dividir a la central obrera cusqueña y desplazar a sus dirigentes por “traidores”.

Los dirigentes políticos y sindicales del Cusco formaron, con el apoyo de las masas, un Comité Popular que orientó con firmeza y serenidad la lucha.

El caso de Huamachuco, es distinto al del Cusco actual, pero abarca elementos compartidos con aquél: en este caso, la negligencia o complicidad policial respecto a un alcalde a quien el pueblo conjetura un asesino. La complacencia de la policía respecto al criminal presunto, originó la violencia, que se propagó como un incendio.

Como un incendio auténtico. Y hay material inflamable por doquier. El gobierno tendrá que entender que debe dialogar con los representantes del pueblo y atender, de urgencia, sus reclamos fundamentales.


    César Lévano

    César Lévano

    Razón Social

    cesar.levano@diariolaprimeraperu.com