Más allá de la muerte

Ayer recibí en mi domicilio dos recibos de Movistar. Los dos corresponden a abril de este año. Uno viene a mi nombre. Otro al de mi esposa, Natalia Casas Alvirena, fallecida el 2 de setiembre de 2011.

| 09 mayo 2012 12:05 AM | Columna del Director | 2.7k Lecturas
2720

Lo curioso es que el monto de la factura de la difunta es de 363 nuevos soles. Mi deuda es menor: 239 soles.

Telefónica debería revelarme cómo hace mi fallecida mujer para seguir usando sus servicios. ¿Llama desde el cementerio “Presbítero Maestro”? Si es así, me sorprende que no se comunique conmigo, su conmovido esposo. ¡Cuánto me agradaría escuchar su voz, su dulce voz!

Lo que no me agrada es que a cada rato me lleguen facturas a nombre de ella, a pesar de que hace meses hemos señalado, con copia de la partida de defunción pertinente, la ausencia eterna. Lo hemos hecho en las oficinas de Telefónica de Juan Arona y de la avenida Uruguay.

Algo más: el teléfono fijo que existe en mi domicilio ha sido cambiado después de la defunción, a mi pedido. Ocurre que el hecho de ser un periodista más o menos conocido se había convertido en una tortura: me llamaban con cualquier motivo, o con ninguno. Un poco más y timbraban para preguntarme por la hora. (Por esa misma razón acabo de cambiar mi número de celular. Como Jean Paulhan, el escritor francés, yo podría escribir: “No me busquen donde estoy, porque ya no estoy allí”. Telefónicamente).

Pero ese es otro tema. Lo curioso es que Telefónica sigue facturando a mi difunta por el uso del 4810505, que hace meses hice suprimir. El nuevo número del fijo es un secreto de estado mayor.

Pues bien: resulta que a este nuevo número fijo llaman todo el día, en particular a medianoche. Parece haber sido antes centro de revoleteo de alguna mariposa nocturna. A eso de las 12:15 de la noche suelen llamar a una señora Susana. En ocasiones, los varones que telefonean preguntan si la señora Susana puede prestar sus servicios. En otros casos, anuncian que los servicios son para una despedida de soltero. Un verdadero burdel de llamadas:

Esto puede parecer cómico; pero es irregular, anormal y causante de molestias y mal sueño.

Debo precisar que la factura que se pretende cobrar a mi difunta esposa es por servicios prestados entre el 18 de marzo y el 17 de mayo de este año, seis meses después de su muerte y, reitero, por el fijo 4810505, que mi esposa no emplea, por supuesto, y al que yo he renunciado desde hace meses.

La factura que acabo de recibir ostenta el número 004-829739668 y ha sido expedida por la oficina de Movistar de Schell 310-Lima 18.

Tengo, por mi condición de diarista, el privilegio de poderme quejar públicamente. Aunque no sé si esta columna surtirá efecto, eso es, por lo menos, un desfogue. Pienso, limpiándome de egoísmo, en cuántos usuarios sufren en silencio por cobros misteriosos o intromisiones incómodas.


¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.


...

César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com